Heidi y el gatillazo
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Severiano era un tanto excéntrico, solía pasarse horas hablando de los temas más diversos mientras yo lo escuchaba en pleno éxtasis místico. Se expresaba con gran vehemencia, y uno al oírlo llegaba a creer que tenía razón en cualquier cosa que dijera.
Era interesante, más en su personalidad que en su físico. Tenía la cara picada por las agresiones acnéicas de la pubertad y era muy alto. El flequillo le caía de lado sobre la cara, liso y castaño y él solía apartárselo con un gesto muy elegante y despreocupado.
La primera vez que me llevó a su casa, se le notaba ansioso y encendido. Era de naturaleza ardiente, pero luego pude comprobar que sus apetitos no iban acompañados de una técnica amatoria muy depurada que digamos. El gatillazo fue terrorífico para él, (more…)
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La puntita y nada más
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De la primera vez, me ha costado mucho acordarme, tanto que he llegado a dudar, pero por fin he localizado a mi desvirgador oficial. Curioso ¿no? Dicen que esto te marca de por vida, y yo, no tenía manera de saber quién había sido el autor material de los hechos en mi caso.
Puestos a elegir, ahora cambiaria aquel momento, pues no tuvo ni encanto, ni ternura. Yo no esperé a que fuera con un hombre del que estuviera enamorada, ni el encuentro fue especialmente idílico y bonito, nada de cama con dosel ni velas en las mesillas. Igual no me acordaba mucho porque fue un polvo sin detalles, que paso sin pena ni gloria. Por entonces, en compañía de una amiga, frecuentaba asiduamente una discoteca muy de moda. Él era lo más fashion del lugar, el guapo relaciones públicas del antro, un “artista del roce” con un largo historial de novias de ida y vuelta, un cretino que para la niñata que yo era entonces, representaba el premio gordo de la lotería. A fuerza de vernos, acabamos por caer.

