Workalcoholic y kamasutra

Aún hubo otro juego de parejas, y aunque, decididamente el dos no es mi número, no siempre se puede decidir respecto al orden en que se suceden los acontecimientos.

A Alejandro Miraflor lo conocí en una cena benéfica. Era quince años mayor que yo, pero esa diferencia, lejos de ser un obstáculo se convirtió en un poderoso atractivo.

Rubio, alto, con cuerpo atlético, ojos azules disimulados por unas gafas negras de pasta, y piel excesivamente pálida. Esa misma noche (more…)