Calentura uruguaya

Antes de que mi bienamado colombiano, se convirtiera para mí en el único y preciado objeto de mis desvelos, conocí a un uruguayo muy diligente.

Di con él, porque Roser, la dueña de la cafetería que compartió conmigo algunos ya célebres momentos junto a Coronel, montó un nuevo negocio. Abrió una tienda de ropa para bebés que podría haber resultado una buena inversión, pero que acabó quebrando por su mala cabeza, esa es otra historia.

Cuando iba a ver a Roser, solíamos (más…)