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	<title>Catálogo de Sementales &#187; El sobrino catalán</title>
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	<description>Un repaso a la historia de cuarenta y cinco amantes</description>
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		<title>Será maravilloso viajar hasta Mallorca</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Apr 2008 21:19:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>isabel</dc:creator>
				<category><![CDATA[001 Melocotones en almíbar]]></category>
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		<description><![CDATA[El siguiente fue otro invierno en blanco, no por la nieve, que no la hubo, si no por la linealidad de los acontecimientos. Yo me pase el curso esperando el verano, porque aunque no tenía ningún contacto con el catalán que sirviera para confirmarme que podría albergar esperanzas de volver a vernos, la remota posibilidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='series_toc'><h4>Tabla de contenido de "Melocotones en almíbar"</h4><br/><ol><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/04/melocotones-en-almibar/' title='Mi primer novio'>Mi primer novio</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/04/melocotones-2/' title='Benidorm, tierra de madrileños'>Benidorm, tierra de madrileños</a></li><li>Será maravilloso viajar hasta Mallorca</li></ol></div> <p>El siguiente fue otro invierno en blanco, no por la nieve, que no la hubo, si no por la linealidad de los acontecimientos. Yo me pase el curso esperando el verano, porque aunque no tenía ningún contacto con el catalán que sirviera para confirmarme que podría albergar esperanzas de volver a vernos, la remota posibilidad de encontrarlo de nuevo allí llenó mis ilusiones de todo un año. Creo que lo de esperar es muy femenino, esperar contra pronóstico, sin garantías, sin posibilidades, con esperanzas falsas e infundadas. No se que mecanismo genético nos ayuda a ese autoengaño que nos permite esperar, que nos proporciona una confianza firme basada en cimientos terriblemente endebles. Luego nos sorprendemos de la falta de realización, del fracaso, y nos duele hasta lo más hondo enfrentar la cruda realidad y reconocer que se esfuma nuestro sueño. ¿Por qué lo hacemos? Quién sabe… porque deseamos que cosas maravillosas nos ocurran, porque idealizamos a las personas que amamos, porque tenemos tanta fe en los otros como en nosotras mismas y muchas veces más. <span id="more-8"></span>Dejo el tema en manos de los amables loqueros que se dedican a tratar estas neurosis. A mí, un cuarto de pastillita rosa en varias ocasiones, me ha hecho superar felizmente alguna de estas cuestiones. A lo que vamos, llegó el verano y sólo me faltó disparar al cielo fuegos artificiales el día que conseguí la inscripción en el segundo nivel del curso ¡Me iba a Palma!  Al llegar sucedió lo que tenía que suceder, porque no podía ser de otro modo, el sobrino catalán no estaba. ¡Cómo duelen las desilusiones! ¡Que tristeza tan instantánea y mortífera provocan! Para mis diecisiete años recién cumplidos aquello era una catástrofe sin solución. Ya se que suena exagerado, pero entonces me dolió tremendamente, después los años te ponen delante cosas mucho más amargas y pasas por ellas con aplomo, no por todas, si por muchas. De todos modos si algo bueno tengo es capacidad de recuperación y lo que yo llamo “optimismo práctico” o lo que en términos clásicos el refranero expresaría como “Del agua perdida, la mitad recogida” No sé si sería cuestión de mitad o tres cuartos, pero sin proponérmelo me encontré con otro sobrino mostrando interés por mí. Esta vez, el sobrino de la directora. Ése, que también había estado por allí el año anterior, estaba disponible y según él, se había pasado el curso esperando a que yo volviera. Estas cuestiones de universos paralelos, yo espero al catalán y el mallorquín me espera a mi,  se las remito cariñosamente a Eduardo Punset, que él podrá decirnos algo de estas simetrías universales. Para mí, aquella declaración inauguró la socorrida figura del sustituto, o de nuevo recurriendo a la sabiduría popular, aquello de que “Cuando no hay pan, buenas son tortas” También diré que en el complejo mundo de los suplentes, no siempre las tortas son buenas, que a veces saben a rayos y se amasan con desesperación, pero en este caso la experiencia podría calificarse de muy gratificante. ¡Pues claro que no lo quise como al catalán! Eso no podía ser, porque a mi me sangraba aquella herida, o arañazo gordo al menos, todavía. Decir que, talento si tenía este sobrino, muchísimo talento. Dominaba a la perfección el arte de “hay que conseguir que olvide al anterior” Todo lo que el catalán no necesitó hacer para tenerme totalmente encandilada, lo tuvo que poner en práctica éste y lo hizo bien. Paseos por la playa, de la mano, a la hora en que ya no había turistas, puestas de sol impresionantes, galanterías de las de, te recojo para salir aunque vayamos diez metros más allá y de regreso te llevo hasta el portal, esas cosas. Si me preguntaran por mi primer beso en la boca, diría, aunque quizá la memoria me traicione, que fue mallorquín, suyo, un buen beso. Ninguna queja de este mes de “parejita feliz” salvo que yo hubiera dado algo por haberlo pasado con mi catalán ausente. Inconformista y obcecada cabezota que es una. También hubo abrazo para despedirnos y aunque fue tierno y emotivo, esta aquello de las odiosas comparaciones, el abrazo del primer sobrino queda fuera de concurso.</p>
 <div class='series_links'><a href='http://catalogodesementales.com/2008/04/melocotones-2/' title='Benidorm, tierra de madrileños'>Leer el anterior post de "Melocotones en almíbar"<br/><br/></a> </div>]]></content:encoded>
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		<title>Benidorm, tierra de madrileños</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Apr 2008 21:16:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>isabel</dc:creator>
				<category><![CDATA[001 Melocotones en almíbar]]></category>
		<category><![CDATA[El madrileño erecto]]></category>
		<category><![CDATA[El sobrino catalán]]></category>

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		<description><![CDATA[No hubo novedad reseñable, a los efectos que nos ocupan, hasta un veraneo un año después en Benidorm, gloriosa costa alicantina. Y aunque la ciudad ha cambiado mucho desde ese verano, los escarceos estivales se siguen produciendo como antaño, doy fe. Un año de crecimiento había dado para empezar a dibujarme el físico. Ese agosto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='series_toc'><h4>Tabla de contenido de "Melocotones en almíbar"</h4><br/><ol><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/04/melocotones-en-almibar/' title='Mi primer novio'>Mi primer novio</a></li><li>Benidorm, tierra de madrileños</li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/04/mecolotones-y-3/' title='Será maravilloso viajar hasta Mallorca'>Será maravilloso viajar hasta Mallorca</a></li></ol></div> <p>No hubo novedad reseñable, a los efectos que nos ocupan, hasta un veraneo un año después en Benidorm, gloriosa costa alicantina. Y aunque la ciudad ha cambiado mucho desde ese verano, los escarceos estivales se siguen produciendo como antaño, doy fe. Un año de crecimiento había dado para empezar a dibujarme el físico. Ese agosto andaba yo concentrada en mis primeros lances discotequeros, en horario diurno prácticamente, porque mi toque de queda estaba fijado en las 21.30 h. y aquel mandato paternal no se lo saltaba un torero, ni de los que se arriman. Como por aquellos lares la concentración de madrileños per capita alcanza porcentajes de vértigo en esos meses vacacionales, me fue muy fácil coincidir con lo que indicaba la estadística, conocí a un madrileño. Nos veíamos en la discoteca de moda, al principio haciéndonos los encontradizos, luego ya con intención declarada. <span id="more-7"></span>El madrileño era moreno de piel y pelo, y lucidor, aunque lo que le concede un lugar en estos escritos es sin duda otra cuestión. Como los encuentros pasados con José Ángel tuvieron el efecto secundario de tornarme valiente y confiada, de hacerme perder el miedo inicial al contacto físico, yo me sentía muy segura. Podría decirse que algo de experiencia en magreos ya tenía, así que me pareció muy normal, previsible e inofensivo que nos adentrásemos en el mundo de los juegos de manos. A mi aquello me gustaba, pero sin exageraciones, resultaba agradable, pero lo cierto es que lo hacía más  porque procedía que porque me muriera de ganas. Cuando nos metíamos en harina y él intentaba ir más allá yo paraba la cosa, porque aún era virgen y me parecía demasiado pronto para atravesar esa raya. Parábamos y el se quejaba con desconsuelo y con razón…-!Pero coño, qué no vamos a hacer nada más! Si, con razón digo, porque yo de aquellas era totalmente ajena a los “duros” sufrimientos que con mis caricias le provocaba. Y en esa ignorancia seguí hasta que un día, en que él estaba en plena erección, me dijo: -“Mira guapa, toca”.  Aunque me temblaba la mano, le hice caso y toque, y debo decir en honor a la verdad, que aquello no era un pene, era una piedra. ¡Cómo iba a saber yo que esas cosas pasaban! ¡Cómo conocer que nuestros roces eran causa y “aquello” efecto! ¡Tamaño efecto! Esa sensación táctil me causó tal sorpresa y desconcierto, que el madrileño sin nombre ha pasado a la historia entre mis más íntimos, conocedores del suceso, como “el madrileño erecto”. En ese mismo instante aprendí que si te empeñas en buscar a un hombre, acabas por encontrarlo o por decirlo de otro modo, que hay partes de la anatomía masculina que suelen ser bastante agradecidas.</p>
<p> Volvimos a casa después de las vacaciones, yo más mayor y con algunas lecciones aprendidas. El invierno que siguió fue muy pacífico y no ofreció nuevas aportaciones a mi aprendizaje amatoriosexual. Pero al llegar el verano siguiente, las cosas comenzaron a moverse de nuevo. Gracias a unos cursos de perfeccionamiento en natación, deporte en el que yo era bastante buena, salí camino de Palma de Mallorca con un grupo de compañeras y sin padres. Nos alojábamos en un hostal y estábamos bien custodiadas por nuestra profesora y la directora del centro deportivo, que se cuidaban bien de mantenernos a salvo y responder de nuestra integridad, no en vano, a diario, llamaban mis padres y muchos otros, a pedir informes, en aquella increíble época ajena a los teléfonos móviles. Mi profesora venía de Cataluña y tenía un currículum de nadadora más largo y afamado que el de Johnny Weismuller. Debo reconocer que el curso era excelente. A la salida de las clases teníamos cierta suelta, que solía consistir en acudir a una discoteca que estaba muy cerquita del hostal. Allí coincidí con el sobrino de la profesora catalana. Moreno, ojos azules y buena sonrisa. Nos habíamos pegado unas cuantas miraditas en la piscina durante los entrenamientos, y él había hecho un poco el tonto para llamar la atención, unos trampolines y esas cosas que la testosterona provoca, incluso en los machos en edad adulta. El caso es que su exhibición no me paso desapercibida, aunque podía habérsela ahorrado porque ya antes me parecía un bombón. Un bombón muy dulce. Nos dedicábamos a esperarnos para acudir a aquella discoteca y pasarnos la noche juntos. Juntos sin besarnos, juntos sin tocarnos, juntos sin mantener conversaciones de las interminables, sólo juntos. A penas nuestros hombros tocándose. Curiosamente, no necesitábamos más para sentirnos en la gloria. Lo que del sobrino catalán no puedo olvidar fue el momento en que pasado el mes de clases, nos despedimos. Conservo aquella imagen como una fotografía perfectamente nítida en mi cerebro. Era de madrugada, hacía fresco, recuerdo la playa y el puerto y una rotonda. Nos abrazamos. Un abrazo bonito, inacabable, intenso… Fue la primera vez que sentí como un instante va convirtiéndose, casi sin quererlo, en un recuerdo, que aquellos minutos serían en el futuro, una especie de refugio, un lugar dónde volver recurrentemente. Sentí además la primera sensación de angustia ante una separación, el dolor de dejar a quien no quieres dejar, de temer perder para siempre a quien tienes al lado. Después he pasado por ese dolor otras veces y siempre el malestar es el mismo, ese agujero en el estómago, esa opresión en el pecho que te dificulta la respiración y la amargura que te salta las lágrimas aunque consigas no llorarlas. Cuando de nuevo me he enfrentado a esa situación, el sobrino catalán ha estado un poco conmigo.</p>
 <div class='series_links'><a href='http://catalogodesementales.com/2008/04/melocotones-en-almibar/' title='Mi primer novio'>Leer el anterior post de "Melocotones en almíbar"<br/><br/></a> <a href='http://catalogodesementales.com/2008/04/mecolotones-y-3/' title='Será maravilloso viajar hasta Mallorca'>Leer el siguiente post de "Melocotones en almíbar"<br/><br/></a></div>]]></content:encoded>
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