Armand “papada” García
Tabla de contenido de "Las cinco veces que fui virgen"
El siguiente merecedor de mi inmaculada condición fue Armand García, portorriqueño de padres españoles, afincado aquí ya hacia años.
Su historia va íntima e indisolublemente unida a mi madre. A mi madre le preocupaba que yo no tuviera novio aún y con esa insistencia suya de madre casamentera, me repetía incansable: .- Anda nena, ¿Cuándo vas a tener novio tú? ¡Qué ya eres una mujer con espolones! ¡Con es-po-lo-nes!
¡Que bonita es la ignorancia! - pensaba yo. Porque a la pobre la tenía en la inopia, alejada de mis peripecias sexuales. Aún así, la frasecita me tocaba las narices ¡Yo qué sé cuando voy a tener novio! ¡Ya quisiera yo! Y hasta rezaba a ver si así… - Virgencita, ya sé que no soy digna de ti, que es lo que yo pensaba entonces, pero… yo querría un novio… un novio de verdad.
Una noche, mi hermana me presentó al más plasta, mantecoso e insistente hombre, que junto al que luego fue mi marido, he tenido que conocer hasta el momento, y esperemos que quede ahí la cosa. Aquel era Armand, un hombre de constitución amplia, de oronda figura, dotado de una increíble papada de varios pliegues.
No era feo a pesar de su contundencia. Era un tipo antiguo en sus maneras, un poco rancio, pero muy educado, noble y honrado. Se enamoró perdidamente de mí, sin que yo pusiera de mi parte más que una actitud distante, hasta el extremo de ignorarle descaradamente. Me llamaba tanto por teléfono, que mi madre y él llegaron a trabar amistad. Ella empezó a promocionarlo defendiendo su causa siempre que podía.
- ¡Ay nena! ¿Tú sabes lo que te quiere ese hombre? ¡Con él serias la mujer más feliz del mundo!
- ¡Está gordo!
- ¡Pues le dices que haga abdominales y que le den masajes en la papada!
¡Qué horror! Mi madre se había enamorado de Armand,
Leer el siguiente post de "Las cinco veces que fui virgen"

