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	<title>Catálogo de Sementales &#187; 004 Pares</title>
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	<description>Un repaso a la historia de cuarenta y cinco amantes</description>
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		<title>Otelo, dame más</title>
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		<pubDate>Fri, 16 May 2008 16:12:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>isabel</dc:creator>
				<category><![CDATA[004 Pares]]></category>
		<category><![CDATA[Otelo]]></category>

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		<description><![CDATA[A Mario lo apodaban “Otelo”, por el color oscuro de su piel. Otelo era alto, fuerte y guapo. Tenía cara de chulito y pretensiones de ser fotógrafo “serio”, le interesaban los temas sociales y el deporte lo cubría por dinero, siempre era preferible a la prensa del corazón, decía.
Coincidimos en una final de atletismo europea. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='series_toc'><h4>Tabla de contenido de "Pares"</h4><br/><ol><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/carambola/' title='!Carambola!'>!Carambola!</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/polvos-de-12-campanadas/' title='Polvos de 12 campanadas'>Polvos de 12 campanadas</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/duelo-de-testosterona/' title='Duelo de testosterona'>Duelo de testosterona</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/el-argentino-breve-y-el-pamplonica-veloz/' title='El argentino breve y el pamplonica veloz'>El argentino breve y el pamplonica veloz</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/workalcoholic-y-kamasutra/' title='Workalcoholic y kamasutra'>Workalcoholic y kamasutra</a></li><li>Otelo, dame más</li></ol></div> <p>A Mario lo apodaban “Otelo”, por el color oscuro de su piel. Otelo era alto, fuerte y guapo. Tenía cara de chulito y pretensiones de ser fotógrafo “serio”, le interesaban los temas sociales y el deporte lo cubría por dinero, siempre era preferible a la prensa del corazón, decía.</p>
<p>Coincidimos en una final de atletismo europea. Todo el mundo estaba muy emocionado con las pruebas de ese día, las carreras de velocidad tenían participantes muy afamados que yo ni conocía, perdónenme los aficionados, pero así era, a gustos colores.</p>
<p>A mi me aburría el tema soberanamente, tanto que<span id="more-31"></span> me llevé un libro para matar el rato. Me quedé en un rinconcito de la sala de reporteros, observada como un bicho raro por los forofos periodistas del ramo. Comencé a prestar atención cuando Mario subió hasta la cabina, después de sacar fotos a pie de pista. Era guapo a rabiar.</p>
<p>Me fue fácil saber que eventos cubría, le tocaba hacer fotos de competiciones de poca monta a las que Alejandro no acudía, otro nivel.</p>
<p>Asistí a varias de esas competiciones, con la seguridad de verlo allí, con la certeza añadida de la ausencia de Alejandro, ya que podía comprobar que en su agenda tenía otros compromisos.</p>
<p>Otelo y yo comenzamos mirándonos, después de mucho mirarnos hablamos, después de mucho hablar tomamos café. La charla acabó por centrarse en Miraflor. Otelo pensaba que Miraflor seguía enamorado de su ex mujer. Por lo visto, él seguía hablando de ella a la menor ocasión, mostrándose triste y amargado. El resto de sus preocupaciones se dirigían al trabajo de modo obsesivo, debía ser el mejor aunque le fuera la vida en ello.</p>
<p>Nada nuevo bajo el Sol, por más que Alejandro disimulara cuanto podía cuando estaba conmigo.</p>
<p>No podía seguir viendo a Otelo y mantener la relación con Alejandro, por más en la cuerda floja que anduviera ya lo nuestro. Las cosas acabarían por precipitarse y Alejandro tenía muy mala leche.</p>
<p>Otelo se brindó a ser él quien hablara con Miraflor. Me preocupaba mucho la reacción de Alejandro. La conversación se planteó en un momento de lo más inoportuno. Otelo y Alejandro coincidieron en una comida de Navidad que organizaba su periódico. Otelo, en un momento de la cena, le largó el asunto a Miraflor.</p>
<p>- Mira, es que ella y yo nos gustamos, hace tiempo que lo vuestro no marcha bien y nosotros querríamos salir juntos en serio…</p>
<p>La cara de Miraflor se volvió verde, no esperaba el mandoble. Calló. En el brindis al final de la cena las copas de los dos se juntaron. Alejandro sostuvo con fuerza su copa contra la de Mario, forzando el vidrio,  y le dijo.</p>
<p>- Has jugado sucio, le has dicho que yo estaba enamorado de mi ex mujer… lo sé por ella…</p>
<p>Con comentario o sin él, con ex mujer o sin ella, yo me hubiera ido con Otelo hasta el fin del mundo. Mario le puso la mano en el hombro a Alejandro y lo empujó un poco. Los compañeros los separaron y evitaron que pasaran a mayores. Miraflor no volvió a intentar nada conmigo.</p>
<p>Otelo y yo comenzamos una loca historia de amor. Su atractivo más poderoso era el amor que despertaba en mí. No fue mi mejor amante, pero cuando hay amor de por medio, las reglas del juego cambian, prácticamente desaparecen.</p>
<p>Sí destacaré que siempre, siempre, siempre, llegaba al orgasmo con él y eso no es nada fácil. A él le halagaba, le encantaba. Cuando hablábamos del tema se sonreía de oreja a oreja y me decía.</p>
<p>- Te conozco, esto es poco.</p>
<p>- ¡No hay problema, dame más!</p>
<p>Otelo era tremendamente detallista, no me faltaban flores ni en mi santo, ni en mi cumpleaños, ni el día de los enamorados, incluso ¡Un ramo para mi madre, el día de la madre! Mi madre volvía  a tener la escopeta a punto, pero esta vez, cargada y con el dedo en el gatillo.</p>
<p>- ¡Nena, a este no lo dejarás escapar!</p>
<p>Pero lo dejé, bueno, lo dejamos. Otelo se fue a vivir fuera, consiguió un trabajo de reportero cubriendo temas políticos y se marchó.</p>
<p>Poco a poco la distancia fue apagando la llama.  Dicen que la distancia es el olvido, habrá quien pueda combatir el dicho e incluso superarlo, pero nosotros sucumbimos, los kilómetros acabaron con nuestros buenos propósitos y dejamos de luchar.</p>
<p>Debo decirte Otelo, querido Mario, que siempre que las cosas me van mal en el amor me acuerdo de ti, tal vez fuiste una de mis mejores opciones, una oportunidad que no debí dejar escapar.</p>
<p>Mi madre lloró al enterarse de tu partida. Lloró por que te ibas, y lloró porque como mujer experimentada y lista que es, intuía que mi “cronología sentimental” estaba jalonada ya por demasiadas despedidas.</p>
<p>Esas lágrimas de mujer sabia, las tengo bien presentes. Nunca te pagaré mamá todo lo que has hecho por mí desde el silencio. Callada has sufrido a demasiados novios, y callada, pero valiente, muy valiente, sufriste mi historia con Coronel, mi ya ex marido. Sólo las mujeres como tú, que son de una pasta especial, pueden dar tanto apoyo sin necesidad de pronunciar palabra.</p>
<p> </p>
 <div class='series_links'><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/workalcoholic-y-kamasutra/' title='Workalcoholic y kamasutra'>Leer el anterior post de "Pares"<br/><br/></a> </div>]]></content:encoded>
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		<title>Workalcoholic y kamasutra</title>
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		<pubDate>Thu, 15 May 2008 17:18:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>isabel</dc:creator>
				<category><![CDATA[004 Pares]]></category>
		<category><![CDATA[Miraflor]]></category>

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		<description><![CDATA[Aún hubo otro juego de parejas, y aunque, decididamente el dos no es mi número, no siempre se puede decidir respecto al orden en que se suceden los acontecimientos.
A Alejandro Miraflor lo conocí en una cena benéfica. Era quince años mayor que yo, pero esa diferencia, lejos de ser un obstáculo se convirtió en un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='series_toc'><h4>Tabla de contenido de "Pares"</h4><br/><ol><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/carambola/' title='!Carambola!'>!Carambola!</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/polvos-de-12-campanadas/' title='Polvos de 12 campanadas'>Polvos de 12 campanadas</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/duelo-de-testosterona/' title='Duelo de testosterona'>Duelo de testosterona</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/el-argentino-breve-y-el-pamplonica-veloz/' title='El argentino breve y el pamplonica veloz'>El argentino breve y el pamplonica veloz</a></li><li>Workalcoholic y kamasutra</li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/otelo-dame-mas/' title='Otelo, dame más'>Otelo, dame más</a></li></ol></div> <p>Aún hubo otro juego de parejas, y aunque, decididamente el dos no es mi número, no siempre se puede decidir respecto al orden en que se suceden los acontecimientos.</p>
<p>A Alejandro Miraflor lo conocí en una cena benéfica. Era quince años mayor que yo, pero esa diferencia, lejos de ser un obstáculo se convirtió en un poderoso atractivo.</p>
<p>Rubio, alto, con cuerpo atlético, ojos azules disimulados por unas gafas negras de pasta, y piel excesivamente pálida. Esa misma noche <span id="more-30"></span>intercambiamos nuestros teléfonos.</p>
<p>Alejandro demostraba un aplomo que yo no había conocido en un hombre hasta entonces, me impresionaba su desenvoltura, la firmeza con que se enfrentaba a las situaciones complicadas, me deslumbraba su experiencia, su disposición natural para sortear cualquier obstáculo con éxito.</p>
<p>Estaba separado, las malas lenguas decían que su mujer lo había dejado porque era un adicto al trabajo. Era comentarista deportivo, cubría la información internacional y viajaba con frecuencia. Ella había llegado al límite, se marchó maleta en mano, dando un portazo y dejándolo desolado.</p>
<p>Decían que aún la quería y creo que así era, pues pude comprobar que el salón de su casa estaba presidido por una sonriente fotografía de ella, imagen de tiempos más felices.</p>
<p>Miraflor se enamoró de mí, yo no de él, pero me sentía arropada con su presencia, me hacía sentir resguardada y segura. Llegué a pasar semanas durmiendo en su casa. Mi madre al ver que llamaba con frecuencia y se mostraba muy atento, se dispuso a cargar su escopeta.</p>
<p>Teníamos sexo en abundancia pero sin magia. Gustaba de realizar el acto en cualquier lugar que no fuera la cama: mesas, sillas, moqueta, lavadora, sofá, frío suelo… Me colocaba en posición, recorriendo la más amplia variedad de posturas “kamasútricas”.</p>
<p>Su fuerza descomunal y la dureza de estos muebles, conseguían amoratarme el cuerpo. Yo me cuidaba bien de que en casa los hematomas no fueran visibles, para evitar temores infundados, interpretaciones erróneas, nada de sospechar sobre que fuera un maltratador, no lo era. A mis amigas me encargaba yo de enseñarles los moretones como si fueran trofeos.</p>
<p>Su obsesión por los lugares más complicados culminó en un intento fallido en la bañera, se ofuscó con las dimensiones, sin entender que el principio de Arquímedes no permite excepciones. Con el baño medio inundado acabamos con mal sabor de boca.</p>
<p>Miraflor me invitó a acompañarlo a cubrir un campeonato del mundo de atletismo. Pude pedir un par de días libres y el fin de semana, y me fui con él. Poco me apetecía, porque la relación se estaba deteriorando, pero quise poner de mi parte para evitar el desastre.</p>
<p>Me quedé en el hotel mientras él acudía a todas las ruedas de prensa, retransmisiones, conferencias y charlas informativas. No se perdió ni un detalle, su trabajo era su mayor pasión, todo lo demás quedaba en segundo plano o incluso anulado.</p>
<p>Ese viaje fue el principio del fin. Miraflor abordó directamente el tema del sexo oral, no entendía porqué yo lo evitaba. Lo rehuía, pero no lo reconocí.</p>
<p>- Es que no lo he hecho nunca.- Le mentí.</p>
<p>- Pues tendremos que buscar una solución.- Dijo él.</p>
<p>Le prometí reflexionar al respecto, pero mis pensamientos se centraron en algunos de sus, cada vez más insufribles, hábitos.</p>
<p>No soportaba sus gases nocturnos, fuertes, duraderos y de insoportable olor;</p>
<p>No soportaba sus sonoros e inacabables ronquidos;</p>
<p>No soportaba su fuerte aliento por las mañanas, se empeñaba en hacerme el amor al despertar, en besarme en la boca con ese sabor fastidioso;</p>
<p>No soportaba las pequeñas verrugas que se esparcían por su culo.</p>
<p>Cierto que todas estas cuestiones estuvieron siempre presentes, pero ahora las percibía con mayor nitidez, porque había llegado al nivel de saturación, y porque Mario Martín, el fotógrafo que en algunas ocasiones acompañaba a Alejandro se cruzó en mi camino.</p>
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		<title>El argentino breve y el pamplonica veloz</title>
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		<pubDate>Tue, 13 May 2008 16:36:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>isabel</dc:creator>
				<category><![CDATA[004 Pares]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo y Fermín]]></category>

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		<description><![CDATA[Marcelo y Fermín llegaron juntos, no de la mano, pero si en las mismas fechas y con denominador común, desastrosos sexualmente.
Marcelo era hijo de argentinos nacido en España, tenía un miembro escueto, resumido, pequeño hasta en los momentos grandiosos. La cosita de Marcelo podía describirse como “la insoportable levedad del ser”, Kundera me perdone por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='series_toc'><h4>Tabla de contenido de "Pares"</h4><br/><ol><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/carambola/' title='!Carambola!'>!Carambola!</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/polvos-de-12-campanadas/' title='Polvos de 12 campanadas'>Polvos de 12 campanadas</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/duelo-de-testosterona/' title='Duelo de testosterona'>Duelo de testosterona</a></li><li>El argentino breve y el pamplonica veloz</li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/workalcoholic-y-kamasutra/' title='Workalcoholic y kamasutra'>Workalcoholic y kamasutra</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/otelo-dame-mas/' title='Otelo, dame más'>Otelo, dame más</a></li></ol></div> <p>Marcelo y Fermín llegaron juntos, no de la mano, pero si en las mismas fechas y con denominador común, desastrosos sexualmente.</p>
<p>Marcelo era hijo de argentinos nacido en España, tenía un miembro escueto, resumido, pequeño hasta en los momentos grandiosos. La cosita de Marcelo podía describirse como “la insoportable levedad del ser”, Kundera me perdone por la licencia.</p>
<p>Marcelo había heredado <span id="more-29"></span>cierto acento bonaerense, aunque no tenía el sonido plateado que poseen los porteños auténticos, que tan cautivador me resulta. Le conocía hacia muchos años, pero no habíamos pasado de los saludos.</p>
<p>Empezamos a vernos con frecuencia los sábados, por una de esas cuestiones de moda que nos llevan a todos como borregos al mismo antro. Dejé que me sedujera con sus aires de tanguero intrigante, de falsificado Gardel.</p>
<p>Aprovechábamos la cama de sus padres ausentes para nuestros quehaceres sexuales. Recuerdo que una noche a petición mía bailamos un tango en el salón, Astor Piazolla en el reproductor, él en pelota picada, con su pene pequeño,  yo con bragas negras de lencería fina y un pañuelo anudado en el cuello.</p>
<p>A Marcelo no le importaba el tamaño, se esmeraba en sus cabalgatas, para que su buen ánimo supliera la métrica deficiente. Me envolvía con un entusiasmo y amor, al que yo no supe o no quise corresponder.</p>
<p>Atributos de gnomo, corazón de gigante. Marcelo se enamoró de mi, yo no de él. A mí, el pequeño detalle, acabó por disuadirme, el tamaño, a veces, las más de las veces, sí importa.</p>
<p>Mientras Marcelo seguía deleitándome con su trote inglés de pony, se me cruzó en el camino Fermín, pamplonica y eyaculador precoz. Conocido de veraneos de playa, por motivos laborales se vio en la obligación de pasarse varios días al mes en la ciudad.</p>
<p>Apeló a nuestra coincidencia de residencia veraniega para quedar conmigo, y así paliar los rigores de las largas noches de hotel. Me invitaba a comer y a cenar con la única condición de que fuera en un chino, no demasiado alejado de su alojamiento. Después de los festines orientales, a base de pato pekinés y arroces varios, nos dirigíamos a su habitación para disfrutar de fugaces encuentros.</p>
<p>Un placer huidizo que duraba un instante, porque era más que rápido, instantáneo, su modo de proceder. Coito breve, sin excepción conciso. Sabiendo que era eso lo que me esperaba, me preguntó porqué fui reincidente con Fermín, tal vez confiara en un cambio en el tempo. Pero nunca llegó. Sólo él llegaba al orgasmo:</p>
<p>-¡Uy cielo, como me la tragas!</p>
<p>decía, mientras a horcajadas sobre él lo montaba. Explosión volcánica en un segundo y después la nada, así era Fermín.</p>
<p>De modo que, breves ambos, Marcelo y Fermín, por distintas razones, acabaron relegados al olvido. Me distancie de ellos sin sufrir grandes traumas, ni emocionales ni físicos. En el fondo sabía que otros encuentros más espectaculares tenían que llegar, era preciso, pero para eso, aún faltaba algún tiempo.</p>
 <div class='series_links'><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/duelo-de-testosterona/' title='Duelo de testosterona'>Leer el anterior post de "Pares"<br/><br/></a> <a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/workalcoholic-y-kamasutra/' title='Workalcoholic y kamasutra'>Leer el siguiente post de "Pares"<br/><br/></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Duelo de testosterona</title>
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		<pubDate>Mon, 12 May 2008 18:26:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>isabel</dc:creator>
				<category><![CDATA[004 Pares]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos y Quico]]></category>

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		<description><![CDATA[Los siguientes pares fueron una historia de celos y guantazos.
Juan Carlos y su amigo Quico.
Nos conocimos de pubs, que era lo que se estilaba entonces, realizar una peregrinación o romería por los locales más concurridos, tomar copa y seguir. En una de esas paradas coincidimos. Juan Carlos era feo objetivamente, mirarlo a la cara  resultaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='series_toc'><h4>Tabla de contenido de "Pares"</h4><br/><ol><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/carambola/' title='!Carambola!'>!Carambola!</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/polvos-de-12-campanadas/' title='Polvos de 12 campanadas'>Polvos de 12 campanadas</a></li><li>Duelo de testosterona</li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/el-argentino-breve-y-el-pamplonica-veloz/' title='El argentino breve y el pamplonica veloz'>El argentino breve y el pamplonica veloz</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/workalcoholic-y-kamasutra/' title='Workalcoholic y kamasutra'>Workalcoholic y kamasutra</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/otelo-dame-mas/' title='Otelo, dame más'>Otelo, dame más</a></li></ol></div> <p>Los siguientes pares fueron una historia de celos y guantazos.</p>
<p>Juan Carlos y su amigo Quico.</p>
<p>Nos conocimos de pubs, que era lo que se estilaba entonces, realizar una peregrinación o romería por los locales más concurridos, tomar copa y seguir. En una de esas paradas coincidimos. Juan Carlos era feo objetivamente, mirarlo a la cara  resultaba inquietante, pues daba la sensación de que<span id="more-28"></span> ojos, cejas, nariz, boca, orejas, todo en su rostro, se posicionaba con suprema anarquía.</p>
<p>Pero su falta de belleza corporal, un obstáculo solo inicial, pues a tipos poco agraciados les puedes encontrar tremendas virtudes, se veía agravada con una pesadez insoportable.</p>
<p>Quico pasaba totalmente desapercibido, ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco.</p>
<p>A Juan Carlos, lo dejé estar, pero el se enamoró de mi. A Quico lo provoqué un poco. Por lo general, la que liga soy yo, aunque más de una vez, más de uno me haya dicho:</p>
<p>- ¡Te acuerdas como te conquisté!</p>
<p>Consiguieron mi teléfono, conste que a ninguno se lo di yo. Les atendía las llamadas y los saludaba si nos veíamos por ahí, pero nada más. Me divertía ver que los dos estaban por mí, y cómo no tenía nada con ninguno, ni les había concedido la más mínima esperanza, no le daba importancia a su insistencia.</p>
<p>Debí haberlo hecho, sabía que ellos empezaban a tomarse la cosa en serio y que era momento de parar el juego, pero no lo hice. La situación se desmandó.</p>
<p>Una noche, había quedado con una amiga, iba camino de la cita, cuando una conocida mía me alertó ¡Ven corriendo! ¡Son esos dos, Juan Carlos y su amigo! ¡Se están dando de hostias en plena calle!</p>
<p>Cuando llegué hasta ellos, un enjambre de gente los rodeaba. Forcejeaban, se gritaban, se empujaban. Me asusté. Afortunadamente algunos de sus amigos se acercaron a separarlos.</p>
<p>No intervine, por miedo a empeorar las cosas y porque ya habían dejado claro que era yo el motivo de la disputa.</p>
<p>-¡Yo la conocí antes y tu te metiste por medio!- decía Juan Carlos</p>
<p>-¡No!, tú solo le diste antes conversación- reivindicaba Quico y tenía razón.</p>
<p>Se ratificaba mi teoría sobre la docilidad de la fantasía, qué fácil es construirse mundos con un fundamento mínimo. Muchas veces yo también he creado mis propios universos de amor y desamor sin base alguna.</p>
<p>Jamás les quise, y de haber supuesto que las consecuencias llegarían a ser aquellas, no me habría permitido el más mínimo coqueteo. Dos amigos separados por una estúpida competición en la que ninguno de ambos optaba a premio. No debió suceder.</p>
<p>Pasados algunos años, vi de nuevo a Quico, solo. Acabamos acostándonos, en su coche. Me dijo entre jadeos:</p>
<p>- ¡No sabes las ganas que tenía de vengarme!</p>
<p>No entendía yo lo de la revancha, pero no me importaba que el polvo fuera de desagravio si él lo quería así ¡Véngate dentro de mí, cariño!</p>
 <div class='series_links'><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/polvos-de-12-campanadas/' title='Polvos de 12 campanadas'>Leer el anterior post de "Pares"<br/><br/></a> <a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/el-argentino-breve-y-el-pamplonica-veloz/' title='El argentino breve y el pamplonica veloz'>Leer el siguiente post de "Pares"<br/><br/></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Polvos de 12 campanadas</title>
		<link>http://catalogodesementales.com/2008/05/polvos-de-12-campanadas/</link>
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		<pubDate>Sun, 11 May 2008 21:25:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>isabel</dc:creator>
				<category><![CDATA[004 Pares]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto y Nando]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de la experiencia del cuarteto, me impuse un cambio de aires, para evitar cruzarme con mis compañeros de tan singular encuentro.
Conocí así a Roberto Motos y a su amigo Nando. De nuevo un par.
Roberto y yo nos convertimos en confidentes, él me contaba sus penas y yo le contaba las mías tamizadas. Un año [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='series_toc'><h4>Tabla de contenido de "Pares"</h4><br/><ol><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/carambola/' title='!Carambola!'>!Carambola!</a></li><li>Polvos de 12 campanadas</li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/duelo-de-testosterona/' title='Duelo de testosterona'>Duelo de testosterona</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/el-argentino-breve-y-el-pamplonica-veloz/' title='El argentino breve y el pamplonica veloz'>El argentino breve y el pamplonica veloz</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/workalcoholic-y-kamasutra/' title='Workalcoholic y kamasutra'>Workalcoholic y kamasutra</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/otelo-dame-mas/' title='Otelo, dame más'>Otelo, dame más</a></li></ol></div> <p>Después de la experiencia del cuarteto, me impuse un cambio de aires, para evitar cruzarme con mis compañeros de tan singular encuentro.</p>
<p>Conocí así a Roberto Motos y a su amigo Nando. De nuevo un par.</p>
<p>Roberto y yo nos convertimos en confidentes, él me contaba sus penas y yo le contaba las mías tamizadas. Un año estuvimos así, relatándonos batallas y compartiendo buenas y largas conversaciones.</p>
<p>Llegaron las Navidades y Roberto me invitó a ir con él a una fiesta de fin de año. No tenía mejor plan y su compañía era muy agradable, así que me apunté. La fantástica fiesta, resultó ser una porquería insufrible, menudo aburrimiento. Roberto que deambulaba de un sitio a otro, saludando a sus muchas amistades, se acercó a traerme una copa y me dijo:</p>
<p>- Justo cuando acaben las doce campanadas<span id="more-27"></span> espérame en el reservado de la derecha…</p>
<p>En esa época aún había ese tipo de rincones en las discos. La verdad, es que no sabía muy bien que hacer, si salir corriendo después de las campanadas en busca de mi carroza a punto de convertirse en calabaza, o dirigirme al cubículo de la cita y averiguar que me deparaba el nuevo año.</p>
<p>Me quedé. El reservado consistía en un cuadradito de poco más de un metro, separado del mundo exterior por una cortina de espeso y dudoso terciopelo negro, dotado de un banquito, acolchado del mismo tejido.</p>
<p>Roberto se sorprendió de verme allí, pues estaba convencido de que yo no acudiría ¡Que poco sabía él de la fuerza de la curiosidad!</p>
<p>La limitación espacial condicionó la postura, Roberto permaneció sentadito y alucinado mientras yo lo montaba. Miraba la cortina preocupado, no sabía él que precisamente eso, a mí, me estaba sirviendo de aliciente. Con un simple gesto, cualquiera hubiera podido abrir aquella cortinilla, solo pensarlo doblaba mi excitación.</p>
<p>Todo volvió a la normalidad, y a lo largo del siguiente año ni comentamos el encuentro, sin embargo, cuando llegaron las siguientes campanadas, el siguiente año, mi amigo apeló a la tradición ¡Las uvas de la suerte y yo! Quiso repetir.</p>
<p>Esta vez, en segunda edición, escogió otro lugar, misma discoteca, pero ahora en el almacén. El dueño, amigo suyo y mío, le había proporcionado las llaves del cuartito. De nuevo acudí.</p>
<p>El polvo fue muy normalito, vulgar incluso, yo me quedé a dos velas y aguantamos lo justo para que él se corriera y soltara un par de alaridos. Fue frustrante. Ya que me había brindado a perpetuar la tradición, esperaba que el nivel mejorara o al menos se mantuviese, pero no, un fiasco.</p>
<p>Me dije que eso no se iba a quedar así. Durante el año volvimos al “aquí no ha pasado nada”, empezaba a mosquearme que Roberto me hubiera convertido en un icono navideño. ¿Porqué coño este tío ni me tocaba durante trescientos sesenta y cuatro días, pero si me recordaba que el treinta y uno de diciembre tocaba?</p>
<p>El siguiente fin de año no quedamos, yo acudí a otra fiesta con una amiga, pero ya de vuelta no me resistí a pasar por la discoteca de marras. A Motos le di una buena sorpresa.</p>
<p>- ¡Sabía que no te lo perderías!- Me dijo él, haciendo gala de una autoestima de tamaño industrial.</p>
<p>Estaba con Roberto su amigo Nando, guapito, bajito, rubito, un niño bobalicón siempre dispuesto a seguir a Roberto a dónde fuera menester. Roberto Alcázar y Pedrín. Nando siempre estuvo por mí, pero no lo había intentado siquiera.</p>
<p>Roberto propuso iniciar el año como mandaba la costumbre y Nando, dando muestras de que estaba al corriente de lo que aquello suponía, sonrió. Lo que no se esperaba es que Roberto lo invitara a participar del evento.</p>
<p>- Vente tu también Nando.</p>
<p>Roberto casi empalmado, Nando frotándose las manos, y yo, subimos las escaleras hasta el almacén. Se dieron prisa en disponer el nido de amor, una colchoneta tirada en el suelo ¡Joder, cuanta pulcritud! Después se desnudaron a gran velocidad y se tumbaron en el lecho, dando por sentado que no pensaba ponerles ni una pega, aún cuando ninguno de los dos me había preguntado mi opinión sobre la incorporación de última hora.</p>
<p>Allí, los dos en bolas, muertos de risa y más que predispuestos, doy fe, allí se quedaron.</p>
<p>- ¡Os podéis ir los dos a tomar por culo!</p>
<p>Les dije, y me di la vuelta con mi traje de lentejuelas, mis tacones y mi dignidad.</p>
<p>Hará veinte días más o menos, cuando recogía a mi hijo del colegio al mediodía, oí una voz.<br />
- ¡Hola guapa! ¿No me recuerdas?<br />
- Pues perdóname, pero no, no me suenas.</p>
<p>Era la hermana de Roberto Motos,  asidua también de la discoteca de la tradición navideña por aquella época.</p>
<p>- Mi hermano se acuerda mucho de ti.<br />
- ¡Hosti! -pensé yo.</p>
<p>Mi reacción fue la de tantas otras veces, hacer breve la conversación, lo más posible ¡Vamos! ¡Aligerando! porque en estos casos de reencuentros inoportunos, la vergüenza se apodera de mí. Y la verdad, espero no tener que ver a Motos recogiendo a su sobrino en el colegio.</p>
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		<title>!Carambola!</title>
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		<pubDate>Fri, 09 May 2008 16:31:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>isabel</dc:creator>
				<category><![CDATA[004 Pares]]></category>
		<category><![CDATA[Caco y Néstor]]></category>

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		<description><![CDATA[Porqué vinieron de dos en dos algunas de mis relaciones, es un misterio, pero hay hombres en mi vida que aparecieron por pares. Difícilmente puedo hablar de uno de ellos, sin que el otro deba intervenir necesariamente.
A Caco Ferrandis y a su amigo Néstor, los conocí en el ambiente nocturno de una céntrica discoteca. Caco, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='series_toc'><h4>Tabla de contenido de "Pares"</h4><br/><ol><li>!Carambola!</li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/polvos-de-12-campanadas/' title='Polvos de 12 campanadas'>Polvos de 12 campanadas</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/duelo-de-testosterona/' title='Duelo de testosterona'>Duelo de testosterona</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/el-argentino-breve-y-el-pamplonica-veloz/' title='El argentino breve y el pamplonica veloz'>El argentino breve y el pamplonica veloz</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/workalcoholic-y-kamasutra/' title='Workalcoholic y kamasutra'>Workalcoholic y kamasutra</a></li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/05/otelo-dame-mas/' title='Otelo, dame más'>Otelo, dame más</a></li></ol></div> <p>Porqué vinieron de dos en dos algunas de mis relaciones, es un misterio, pero hay hombres en mi vida que aparecieron por pares. Difícilmente puedo hablar de uno de ellos, sin que el otro deba intervenir necesariamente.</p>
<p>A Caco Ferrandis y a su amigo Néstor, los conocí en el ambiente nocturno de una céntrica discoteca. Caco, que no tenía por entonces más profesión que la de ser hijo de su padre, poseía el porte de un caballero medieval y una labia capaz de encantar a una serpiente de cascabel.</p>
<p>Néstor era su mejor amigo, fiel escudero, más bajito, guapete, estudiante de esto y aquello sin convicción, y windsurfista consagrado.<span id="more-26"></span></p>
<p>Caco y yo entablamos una relación muy pronto. Nos gustábamos mucho y nos apreciábamos.</p>
<p>Cada vez que sus padres dejaban la casa libre aprovechábamos para citarnos allí. Después de varios gatillazos seguidos, se puso de manifiesto el problema de impotencia del caballero medieval.</p>
<p>Mi juventud y torpeza me hicieron callar, como otras veces, pero los dos sabíamos que algo no marchaba bien. Caco, lo intentaba con brío y determinación, pero se perdía en un mar de sudor corporal y acababa por fracasar las más de las veces.</p>
<p>Los fiascos le hacían sufrir, mucho más a él que a mí, pero su orgullo de caballero andante, le impedía acercarse a la consulta de un médico, para averiguar que estaba sucediendo.</p>
<p>Con todo, estábamos muy unidos y teníamos un vínculo bastante estable, o al menos eso parecía. Yo lo admiraba, se expresaba con tal soltura que daba gusto conversar con él.</p>
<p>Una noche de sábado llegué a la discoteca con una amiga del colegio, Sonia, era un cromo, no le faltaba detalle. Su madre iba ya por la tercera boda de conveniencia, de modo que tenía una cuenta bancaria de las de trato preferencial.</p>
<p>Presenté a Sonia al caballero medieval.- ¿A que es guapa mi amiga?- Sí, sí muy guapa, pero que muy guapa.</p>
<p>Solo tuve que esperar al día siguiente. Allí en la barra, con un par de copas servidas, los trinqué a los dos en pleno beso de tornillo ¡Celos! Qué horrible punzada. Nada me explicaron, y nada les pregunté. Me marché, aunque hubiera preferido liarme a bofetadas con los dos ¿Dónde se guarda uno esa sensación de rabia que queda? Yo me desahogué.</p>
<p>Un día, juro que por casualidad, un par de semanas después, en un fastfood, estaba la buena de Sonia degustando una hamburguesa tamaño gigante, cuando entré en el establecimiento con una amiga. Con una extraña tranquilidad, que no sé de dónde saqué, me acerqué a su mesa, tome su maxi-cola, oportunamente destapada y sin pajita, y se la tire por encima sin ahorrarle ni una gota.</p>
<p>- ¡Esto por guarra!</p>
<p>Le dije, y nos fuimos de allí. Total, para qué, insulto inútil, solo conseguí verme a los dos días de frente al caballero medieval, con cara de muy malísima leche, acercándoseme a decirme.</p>
<p>- ¡Guarra tú!</p>
<p>¡Señor! ¡Que jóvenes éramos entonces! Consiguió que me sintiera la más ruin de las dos.<br />
Néstor el escudero, no se entristeció mucho por nuestra ruptura, al contrario, tan pronto tuvo ocasión, me dejó caer, lo mucho que le gustaría que nosotros tuviésemos algo. Y yo accedí, pero no por que me atrajera él, solo pretendía vengarme, quería devolverle a Caco la jugada, si él podía, yo también podía.</p>
<p>No sirvió de nada pues el caballero andante, estaba a lo suyo y yo le importaba ya un pimiento. Algo si gané, Néstor en la cama era un campeón, tanto deporte y tanto surf, le habían proporcionado una resistencia muy de agradecer.</p>
<p>Sin embargo la estabilidad no nos acompañaba, al mes Caco dejó a Sonia, yo deje a Néstor, Sonia se fue con Néstor y Néstor dejó a Sonia ¡Carambola! Todos solos.</p>
<p>Después de meses de no vernos, en un ataque de nostalgia quedamos una tarde Caco, Néstor y yo. Nos tomamos unos cafés y alguien, no recuerdo quién, propuso que nos fuéramos juntos a casa del caballero medieval.</p>
<p>Así lo hicimos, caballero, escudero y esta Dulcinea. Mi primer trío, o tal vez cuarteto, si es que cuenta un impactante consolador de color negro, que Caco sacó de un misterioso cajón de la habitación de sus padres.</p>
<p>Aunque fue sexy y divertido en el momento, no acabé de digerirlo y me sentí mal bastante tiempo. Supongo que me faltaba madurez para apreciar la experiencia y darle su justo valor, ni más ni menos. Ahora estaría dispuesta a repetirlo, con la seguridad de sacarle mucho más partido.</p>
<p> </p>
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