<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Catálogo de Sementales &#187; 008 Alter Ego</title>
	<atom:link href="http://catalogodesementales.com/category/alter-ego/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://catalogodesementales.com</link>
	<description>Un repaso a la historia de cuarenta y cinco amantes</description>
	<lastBuildDate>Tue, 25 Aug 2009 21:46:26 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0.1</generator>
		<item>
		<title>El ingeniero bailarín, baila &#8220;Nostalgia&#8221;</title>
		<link>http://catalogodesementales.com/2008/07/el-ingeniero-bailarin-baila-nostalgia/</link>
		<comments>http://catalogodesementales.com/2008/07/el-ingeniero-bailarin-baila-nostalgia/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 04 Jul 2008 17:16:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>isabel</dc:creator>
				<category><![CDATA[008 Alter Ego]]></category>
		<category><![CDATA[El ingeniero bailarín]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://catalogodesementales.com/?p=50</guid>
		<description><![CDATA[Tiempo después, volví a fabricarme otra personalidad como medio de escape. El mismo año que conocí a Coronel, mi hoy ex marido, me inscribí en una academia de bailes de salón. A Coronel aquello no le gustó mucho. - Haz lo que quieras, tú misma, pero ¿No os sobareis, no? Él no bailaba y no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='series_toc'><h4>Tabla de contenido de "Alter Ego"</h4><br/><ol><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/06/abogada-de-verano/' title='Abogada de verano'>Abogada de verano</a></li><li>El ingeniero bailarín, baila &#8220;Nostalgia&#8221;</li></ol></div> <p>Tiempo después, volví a fabricarme otra personalidad como medio de escape.</p>
<p>El mismo año que conocí a Coronel, mi hoy ex marido, me inscribí en una academia de bailes de salón. A Coronel aquello no le gustó mucho.</p>
<p>- Haz lo que quieras, tú misma, pero ¿No os sobareis, no? <span id="more-50"></span></p>
<p>Él no bailaba y no pensaba acompañarme, cosa que yo agradecí en el fondo, pues tenía ganas de que me diera un poco el aire y decidí pese a todo ir. Me encanta bailar, no lo hago mal del todo y lo disfruto mucho.</p>
<p>En la academia me emparejaron con un bailarín excelente, tenía cuarenta y ocho años, llevaba tres dando clases y dominaba a la perfección los ritmos caribeños. Ingeniero de caminos separado, con dos hijos mayores que tenía bajo su custodia, bonitos ojos azules escondidos detrás de sus gafas de miope y canitas plateadas, esparcidas por toda su cabellera negra. Interesante compañero.</p>
<p>En medio de salsas, merengues, bachatas y tangos, comencé a sentir la llamada de la selva ¿Podría tener un affaire express con Pepe, el ingeniero bailarín? ¿Sólo uno chiquitito? ¿Dónde metía yo a Coronel entre tanto?</p>
<p>Eso me preguntaba mientras marcaba el compás de un cha-cha-cha con las caderas. Y al terminar la canción ya había trazado el plan, yo era Lola, abogada de pro. Si lo hacía así, me sería fácil desaparecer cuando yo quisiera sin dejar rastro. ¡Que fuera a preguntar por mí al ilustre colegio de abogados!</p>
<p>Un día, por sorpresa, al acabar de bailar “Nostalgia”, tango de letra irrepetible y verdadera, Pepe me propuso una cita. Me quedé fuera de juego, pues no esperaba que él fuera tan rápido.</p>
<p>- Mira, mañana es sábado, una cita informal, te vienes a mi apartamento y yo mismo preparo la cena ¿Te apetece?</p>
<p>¿Qué le decía yo? ¿Qué hacia? Pepe me gustaba y yo a él, era evidente, pero temía las complicaciones. Acepté.</p>
<p>El sábado por la mañana, Coronel me llamó para ver como quedábamos esa noche. Yo me disculpé, con la excusa de tener que visitar a una amiga que pasaba por un mal momento sentimental.</p>
<p>- Está hecha polvo, él es un cabrón, dice que se marcha a Ibiza a meditar, y que si algún día vuelve, si acaso ya la llama. Un cabrón.</p>
<p>- ¡Pues que se busque otro novio! Sentenció Coronel con su pragmática brevedad masculina.</p>
<p>-No puede ser, en serio Francisco Borja, mañana hablamos.</p>
<p>Fui a casa del ingeniero. Había comprado marisco hervido de El Corty, unas cuantas ensaladas multicolor y cava. Puso música de salsa y nos sentamos a cenar.</p>
<p>- ¿En que trabajas?- quiso indagar Pepe.<br />
- Soy abogada- contesté con veteranía<br />
- ¿Dónde?- siguió curioso.<br />
- Oye, Oye, que ayer bailando hable mucho yo, así que ahora te toca a ti.</p>
<p>Respiré hondo y apelé a su ego. Eso siempre resulta, a los hombres les encanta hablar de sí mismos. Me contó cosas de su trabajo, su separación y su afición por el baile.</p>
<p>Al terminar la cena me propuso bailar, me negué y él se quedó muy cortado. No me dio tiempo a explicarle que el motivo de no hacerlo era solucionable, sonaba una balada muy empalagosa y me pareció ridículo bailar aquello con él. Con cambiar la música suficiente, pero no se lo pude decir, porque en la calle se oyó un frenazo y unos gritos.</p>
<p>Estábamos en un primero, con balcón y ventanas abiertas de par en par. Me asome curiosa a ver que había pasado y reconocí el coche. Coronel, había frenado. Coronel, a punto de atropellar a una pareja que cruzaba. Me había seguido hasta allí, años después me lo reconoció. Me había seguido, y estaba dando vueltas a la manzana, porque no encontraba dónde aparcar cerca y tenía que seguir vigilando la zona.</p>
<p>Me invadió un sudor frío y las piernas comenzaron a temblarme, debí quedarme pálida. Pepe se dio cuenta de que me ocurría algo.</p>
<p>- ¿Qué te pasa? Estás blanca.</p>
<p>-Nada, nada.</p>
<p>Contesté yo, sin hacerle caso, concentrada en encontrar la manera de zafar del lío. ¡Piensa, rápido, piensa! La angustia de esos momentos, aunque merecida, no se la deseo a nadie.</p>
<p>Me aparté todo lo que pude del balcón, si conseguía verme desde abajo, estaba perdida. Coronel era muy celoso y capaz de subir, y si sube… ¡Se arma! Miré a Pepe, no podía gastarle esa putada, tenía que protegerlo de las zarpas de Coronel.</p>
<p>- Lo siento Pepe, tengo que marcharme-dije atropelladamente.<br />
- ¿Ahora? ¿A dónde?<br />
- Tengo que ir a ver a mi madre que está enferma.</p>
<p>Y me fui. Sí así, así me fui y eso le dije. No tengo perdón, no soy buena en las respuestas que requieren precisión, qué le vamos a hacer.</p>
<p>Bajé las escaleras a toda prisa y me paré en el portal. Me asomé con cuidado e inspeccioné la calle. Coronel había aparcado su coche cerca. No estaba dentro, no podía estar muy lejos. Tenía que salir de allí antes de que me viera.</p>
<p>Corrí sujetándome la falda que era larga, tenía que escapar. Jadeando llegué a la Gran Vía,  ví el coche de Coronel a lo lejos. Aflojé el paso. No pasaba nada, no pasaba nada. Yo venía de consolar a mi amiga y no pasaba nada. Caminé hacia una parada de autobús próxima, haría como que volvía a casa.</p>
<p>El coche se acercó. Coronel aún no me había visto, miraba con cara de terminator a derecha y a izquierda, rastreando como un sabueso. Recuerda, me decía yo, vienes de consolar a tu amiga, tu amiga vive por aquí, ahora vuelves a casa, respira te vas a ahogar.</p>
<p>Coronel paró el coche a mi lado y me soltó tranquilamente, como si que coincidiéramos allí fuera lo más normal del mundo,</p>
<p>- Ya ves, dando un paseo. ¿Ya se ha terminado la sesión de terapia?</p>
<p>Sí, se había terminado. Me llevó a casa y por el camino le conté la triste historia de desengaños de mi pobre amiga imaginaria.</p>
<p>A Coronel no le cuadraba la explicación y me miraba de reojo mientras conducía, pero yo seguía con mi monólogo, disertación vehemente sobre los abandonos crueles, al tiempo que procuraba respirar y calmar mi tono cardíaco. Coronel acabó por ceder a mi atorrante discurso y me dejó en casa, a salvo.</p>
<p>Cambié de academia. No me vi con fuerzas para enfrentar al ingeniero bailarín, después de haberlo dejado plantado con cara de pasmo. Mejor aquello que una visita de Coronel, ¡No sabes de lo que te libraste amigo!</p>
<p>Ahora he vuelto a bailar, esta vez danza del vientre. A clase sólo vamos mujeres, más aburrido, sin duda, pero casi mejor así.</p>
<p> </p>
 <div class='series_links'><a href='http://catalogodesementales.com/2008/06/abogada-de-verano/' title='Abogada de verano'>Leer el anterior post de "Alter Ego"<br/><br/></a> </div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://catalogodesementales.com/2008/07/el-ingeniero-bailarin-baila-nostalgia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Abogada de verano</title>
		<link>http://catalogodesementales.com/2008/06/abogada-de-verano/</link>
		<comments>http://catalogodesementales.com/2008/06/abogada-de-verano/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 30 Jun 2008 19:39:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>isabel</dc:creator>
				<category><![CDATA[008 Alter Ego]]></category>
		<category><![CDATA[Lorenzo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://catalogodesementales.com/?p=49</guid>
		<description><![CDATA[Demasiadas veces he jugado a ser quien no era, a inventarme a otra persona que me hiciera de escudo y me protegiera de mis inseguridades. Estas otras, que soy mis “yos”, versiones mías, mejoradas, corregidas y aumentadas, me han dado buenos servicios pero también me han hecho sufrir. Cuando dices ser quien no eres, inicias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='series_toc'><h4>Tabla de contenido de "Alter Ego"</h4><br/><ol><li>Abogada de verano</li><li><a href='http://catalogodesementales.com/2008/07/el-ingeniero-bailarin-baila-nostalgia/' title='El ingeniero bailarín, baila &#8220;Nostalgia&#8221;'>El ingeniero bailarín, baila &#8220;Nostalgia&#8221;</a></li></ol></div> <p>Demasiadas veces he jugado a ser quien no era, a inventarme a otra persona que me hiciera de escudo y me protegiera de mis inseguridades.</p>
<p>Estas otras, que soy mis “yos”, versiones mías, mejoradas, corregidas y aumentadas, me han dado buenos servicios pero también me han hecho sufrir.</p>
<p>Cuando dices ser quien no eres, inicias una carrera cuesta abajo, desencadenas el efecto bola de nieve. Nunca, nunca, se puede volver atrás en esto, al menos no indemne.</p>
<p>Atravesaba yo un periodo tranquilo, tanto que una amiga se asombraba de que pudiera sobrellevar también aquella sequía, después de estar acostumbrada<span id="more-49"></span> al riego continuo.</p>
<p>Algo de desgana y pasividad si tuve que reconocerle, pero no me sentía mal por ello, a mí, curiosamente, no me asaltan las ganas de motu propio, mis necesidades fisiológicas referidas al sexo, son capaces de someterse a hibernación prolongada sin problemas.</p>
<p>Supongo que me mantenía contenta, ilusionada con la cercanía de las vacaciones. Los veranos siempre han sido para mí un tiempo de inicios y aventuras.</p>
<p>Volví a la playa con la inmejorable compañía de Carmina, cara de póquer, querida prima. Esta vez, mi santa no tuvo más que acompañarme en los preliminares, sin tener que sufrir completo el martirio, luego, como bien merecía, disfrutó de sus vacaciones sin que yo le causara molestia alguna.</p>
<p>Para los fans de mi prima, que seguro los hay tras el episodio de la “Paloma de la paz” o “Una por mejilla”, comentaré que se casó con un hombre estupendo, un gran hombre para una gran mujer. Un beso prima.</p>
<p>Estábamos tomando el sol juntas, cuando Lorenzo y unos amigos se nos acercaron. Fue un abordaje divertido. Estuvimos charlando con ellos un rato de tópicos playeros.</p>
<p>Lorenzo estudiaba derecho, el último curso. Yo, ni corta ni perezosa, pensando que aquella sería una conversación única y que la arena se tragaría a aquel tío y no lo volvería a ver jamás, me permití la libertad de licenciarme en Derecho en ese mismo instante.</p>
<p>Yo tenía un año más que él, justo era, que si él estaba estudiando, anduviera yo, ya ejerciendo. Lo curioso fue que cara de póquer en un alarde de inventiva, coraje y buen humor, dijo ser también letrada, y a mí me dio un ataque de tos. Nos reímos mucho.</p>
<p>Contra pronóstico volvimos a vernos, Lorenzo tenía un físico agradable, el cabello castaño y los ojos verdes, un poco achinados. Era un niño bien, hijo de un constructor hecho a si mismo. Se interesó por mí y acabamos por quedar para vernos no solo en la playa.</p>
<p>Lorenzo me presentó a uno de sus mejores amigos, un francés muy singular. Se había hecho famoso gracias a una foto suya de bebé, seleccionada por sus amorosos padres, fabricantes de productos de alimentación infantil, para convertirla en la marca y etiqueta de sus potitos.</p>
<p>El negocio les había ido magníficamente y habían hecho una fortuna. La foto del amigo de Lorenzo, amigo ya crecidito, seguía en uso, de modo que era fácil verlo desnudo en cualquier supermercado en la sección de nutrición para bebés.</p>
<p>Tenían los franceses de los potitos un yate descomunal, con el que nos pasearon varias veces a Lorenzo y a mí.</p>
<p>Un día el patriarca del emporio de las papillas, me preguntó que cuál había sido mi último caso. Yo me quedé de una pieza, era una abogada, una abogada más falsa que Judas…</p>
<p>El yate se movió más de la cuenta a causa de unas olas traidoras, perdí el equilibrio y me fui al suelo de bruces. El buen hombre acudió a socorrerme de inmediato y gracias a la providencial caída, salvé la situación.</p>
<p>Mantuve la farsa con buena fortuna hasta el final del verano. Lorenzo y yo pasamos mucho tiempo juntos, fuimos al cine, nos bañamos en la piscina de su apartamento, paseamos, no era sexo lo que buscábamos. La última semana, él comenzó a verbalizar sus planes de futuro.</p>
<p>- “Te llamaré en cuanto llegue”</p>
<p>- “Vendrás en Navidad”</p>
<p>- “Iré a verte“</p>
<p>Lejos de sentirme feliz por sus amorosos propósitos, comencé a apagarme y a sentirme triste. No tuve valor para contarle la verdad, para confesarle que yo no era quien él creía.</p>
<p>Tal vez si no hubiera sido tan cobarde las cosas entre nosotros hubieran prosperado. Lorenzo achacó mi radical cambio de humor a nuestra necesaria separación y ni siquiera le saque de ese error.</p>
<p>No podré ir en Navidad, no podré ir nunca porque no existo, yo no soy yo.</p>
<p>Él si me llamó, muchas veces, y en muchas de sus llamadas yo veía una lucecita de esperanza. Era posible que no le importara a qué puñetas me dedicaba yo, eso no era lo más importante de nuestra relación ¿O sí lo era?</p>
<p>Dejé rodar la historia hasta Marzo, no sabía que hacer. Hablé con una buena amiga y le pedí consejo. Ella, que sí es abogada por cierto, con mucho acierto, me dijo que le contara la verdad, asombrada por mi capacidad de fingimiento, pero yo no podía hacerlo.</p>
<p>Acabé por recapacitar y un día, después de mucho pensar, con el estómago encogido, descolgué el teléfono y hablé con él.</p>
<p>- Lorenzo, no me llames más, no soy abogada. El resto de cuanto te he contado es verdad. No te merezco.</p>
<p>Colgué y lloré. Nunca supe nada más de él.  Tiempo después me di cuenta que mi miedo era mucho más profundo de lo que yo creía, no se correspondía al miedo a tener tal o cual profesión, tenía miedo a que me quisiera, tenía miedo a encontrar a alguien con quien mantener una relación que yo creía no merecer.</p>
<p>En ocasiones somos jueces durísimos con nosotros mismos y nos privamos de hermosas oportunidades.</p>
<p>Arrinconé a Lorenzo en un compartimento estanco de mi cerebro, reservado a las cosas que aún duelen.  Allí están quietas y estorban menos. Cuando pasa el tiempo, las saco a pasear un rato y las comparto con gente a la que quiero, gente que no se entretiene censurando mis acciones, gente que me quiere.</p>
<p>Querido Lorenzo, me prometí no volver a mentir más, me prometí ser yo y solo yo, pero la vida me enreda y yo me dejo enredar. Soy una vividora, así lo he elegido, y pago un  precio alto por ello, te lo aseguro.</p>
<p>Pero éste no es un juego de “todo vale”, sí existen normas, son las siguientes: No engaño a mis amigas, mi familia es sagrada, mi hijo esta por encima de todas las cosas, y en mi trabajo mi desempeño es impecable. Con los hombres, en cambio, juego.</p>
 <div class='series_links'> <a href='http://catalogodesementales.com/2008/07/el-ingeniero-bailarin-baila-nostalgia/' title='El ingeniero bailarín, baila &#8220;Nostalgia&#8221;'>Leer el siguiente post de "Alter Ego"<br/><br/></a></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://catalogodesementales.com/2008/06/abogada-de-verano/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

