Ver lo que tienes delante, o cogiendo en el parque

Tabla de contenido de "Héctor Cruz, o hasta aquí hemos llegado"


  1. Mi querido sudaca
  2. Ver lo que tienes delante, o cogiendo en el parque
  3. En un cajero
  4. Necesitabas oirme
  5. Arritmias de amor, o te fuiste con una rubia

Durante dos años tuvimos una relación puramente sexual. Nos veíamos siempre en su casa y follábamos. Poco a poco la cosa fue cambiando y comenzamos también a hacer el amor.

En los inicios, Héctor fue para mí, un sustitutivo con que conjurar la atracción que sentía por F2, un hombre que no me correspondía. A fuerza de que el informático, me llevara de decepción en decepción, infligiéndome el dolor siempre punzante del rechazo, acabé por tomar una decisión drástica: Me centraría en Héctor Cruz y así lo olvidaría a él ¡Qué fácil enunciado teórico! Tenía que poder ponerlo en práctica.

¿Porqué no volcarme en el ardiente y sensual Héctor? ¿Porqué no darle una oportunidad? ¿Porqué no atender sus entonces insistentes llamadas,  sus suplicas? Si me dedicaba a él acabaría, tarde o temprano, por soltar las amarras que me ataban a mi hombre imposible. Sí, decidido, a por Héctor Cruz.

Se despertaron muy pronto mis sentimientos por él, no tuve que esforzarme demasiado, sólo mirar por fin lo que tenía delante de mí. Allí estaba él, con sus palabras de azúcar, con su físico imponente, con sus delicatessen amatorias, dispuesto a complacerme. Me enamoré.

Una de las pocas que veces que salimos a cenar, disfrutamos de una noche memorable. Buena comida, buen vino y charla de amor sutil, de puntillas, por encima, para no comprometer ni molestar. Luego dimos un paseo para disfrutar de la ya excelente temperatura. Finalmente, a falta de taxi disponible, pues no dimos con ninguno, como suele suceder cuando más necesidad se tiene, decidimos volver a casa caminando.

Atravesamos un parque y nos paramos allí un rato. Héctor me condujo hasta un árbol, me apoyó en el tronco y me abrazó apasionadamente, empujando su polla contra mi cuerpo.

- Mi amor me la voy a follar acá mismo, ¿sí?, ¿me entendés?

Jadeaba Cruz, tremendamente excitado.

No me costó nada complacerlo, pues yo estaba ardiendo, igual que él.  Una falda muy facilitadora, y un tanga inofensivo, sencillo de apartar, él habilidoso con los pantalones puestos pero convenientemente desabrochados.

Una penetración bárbara, irresistibles movimientos circulares, y un orgasmo silencioso, con sordina, aderezado por el riesgo de poder ser descubierto, ser sorprendido por cualquiera,  en cualquier momento.

Tags:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Escribe un comentario

(requerido)

(requerido)