En un cajero

Provoqué encuentros que pasaron por fortuitos, muchas veces, para poder estar con él.

En una ocasión, viéndolo a lo lejos, crucé la calle hasta la acera en que se encontraba, pero en lugar de dirigirme hacia él, me metí en un cajero de una sucursal bancaria que quedaba muy cerca.

Llevaba puestas las gafas de sol, y podía ver que me miraba sin delatarme. Me deseaba. Ya en el cajero,metí mi visa en la ranura. Héctor abrió la puerta a mi espalda, con un manotazo a modo de vaquero entrando en la taberna.

Yo tecleaba nerviosa, dándole a los números sin atinar, sin saber que coño de código marcaba. Cruz me cogió por la espalda, fingí sorpresa.

- ¡Ay! ¡Por Dios! ¿Qué haces aquí?

Yo de espaldas, mirando al cajero y él inmovilizándome, apretando su pene contra mi trasero, respirando con dificultad, poniéndome a mil, mientras la tarjeta, que se había vuelto loca, entraba y salía de aquella máquina infernal.

Una cámara de seguridad estaba grabando, nos disuadió y paramos, pero el calentón me sirvió en bandeja al erecto colombiano al día siguiente, con el apetito abierto.

Por cierto, nos tienen grabados, pero la verdad, me importa un pimiento lo que hayan hecho con la cinta, por mí, que disfruten con la filmación.

Por más que deseara tenerlo, sabía que Héctor no podía ser más que un hombre de paso, difícilmente se convertiría la nuestra en una relación estable. Él soltero, pero con cargas familiares en su país, yo madre hiperprotectora y celosa de la intimidad de mi hijo, condenados a un idilio inestable, aunque en mis anhelos permanente.

Además ¿qué sabía yo ciertamente de él?, ningún contrapunto para averiguar si sus historias colombianas eran ciertas, podía ser el hijo de un abogado respetabilísimo, como él afirmaba, o bien, un narco huido refugiado en el anonimato español. Fuera quien fuera, quería que siguiera conmigo. Sí, quería envejecer con él, que fuéramos amantes de por vida, sin pedirnos cuentas, sin hacernos daño, sin exigirnos más allá de nuestros encuentros ¡Tener cien años y seguir abrazándonos! Tonterías, sólo tonterías de ingenua enamorada.

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Comentarios

Saludos! la verdad que gran ecuentro tal y como lo pintas realmente me da envidia de la buena. Me pregunto porque nunca tengo esa clase de encuentros del tercer tipo? alguien me puede decir por que?

hola Heidy, a lo mejor es que no te dejas llevar, vamos …..como yo.

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