F2 el informático y los calcetines negros
Tabla de contenido de "Volver a la vida"
- F2 el informático y los calcetines negros
- Persistencia informática
- El colombiano puede ser
- Calentura uruguaya
Haber escapado de mi cautiverio con Coronel me proporcionó al principio una gran sensación de libertad. No estaba triste, no sentía dolor, no había en mi sentimiento alguno de pérdida, solo un enorme alivio. No consideraba mi matrimonio fallido como un fracaso, porque escapar de la condena de vida que suponía estar a su lado, sólo puedo considerarlo un éxito.
No había nada que salvar entre nosotros, por eso, porque sabía que nada perdía, que nada dejaba atrás, me sentía liberada y no vencida. No había quedado atrapada en su infierno y ese era mi triunfo y el camino de la recuperación.
Sí quedaron secuelas, como os he contado ya, había acabado con mis reservas literalmente, había perdido catorce kilos, la ropa me venía grande, había dejado de arreglarme y francamente no me encontraba atractiva. Pero no tenía tiempo para la melancolía, no podía pararme en la autocompasión, tenía que poner los papeles de la separación en orden y seguir con mi vida. Tardé un año en volver a tener un aspecto normal, en volver a reconocerme tal como era, en recobrar mi imagen en el espejo y mi sonrisa.
Tener una nueva relación costó lo suyo. Sucedió en el ámbito laboral, supongo que porque, dadas las circunstancias, más que buscar nuevas aventuras, lo más que me permitía mi aún maltrecho ánimo, era dejarme querer. Así irrumpió en escena F2, un informático gran aficionado a esa tecla de función. Moreno, estatura media, ojos marrones, aspecto corriente, absoluta mediocridad estadística.
F2 se dedicaba a lo suyo sin entusiasmo, con amargura, se sentía incomprendido en el proceloso mar profesional, y otro tanto le sucedía en la vertiente familiar. La vida le atormentaba, las responsabilidades le venían grandes, una hija recién nacida, una convivencia rutinaria con su mujer, su horario insufrible de ocho anodinas horas, todo se cernía amenazante sobre él.
Ese fue el film que me colocó. Gracias al maravilloso invento del Messenger, peligrosísimo y silencioso ladrón de tiempo en miles de puestos de trabajo de todo el mundo, nuestra relación avanzó deprisa y pasó, de lo puramente laboral, a lo personal.
F2 se transformaba en el chat. Allí era atrevido, morboso y genial, abandonaba su insignificancia y su falta de misterio, para convertirse en un hombre deseable.
Durante un año fue mi único contacto admitido en el chat, pues yo no tenía veleidades tecnológicas que me impulsaran a utilizar ese medio para otros usos. Ahora, por el contrario, soy una buena usuaria del servicio.
A lo que interesa, F2 se conectaba nada más llegar y se colaba en mi ordenador a darme los buenos días.
- Así tenemos más intimidad- me decía.
Después se desmelenó y pasó a conversaciones más osadas.
- Quiero tenerte desnuda -¿Te gustaría que tocara tu coñito mientras te corres?
La cosa tenía su morbo y su descaro, despertó mi interés. Algo me decía que aquella ficción informática no sería superada por la realidad, pero sentía curiosidad, de modo que contestaba a sus requerimientos avivando sus ganas.
F2 y yo quedamos para follar. El lugar elegido fue la casa en obras de una conocida mía, especializada en hombres casados, que nos cedió una cama con mucho amor.
F2 fracasó rotundamente.
Como comienzo nefasto, se dejó puestos sus calcetines negros tipo ejecutivo, bien subiditos.
Si alguna lectora ha contemplado una imagen similar, ya sabe a que me refiero, y cual es el efecto que provoca semejante visión, en una sensible retina femenina. Yo, que soy de la liga protectora del ego masculino, ya lo sabéis, sabe Dios porqué razón, no fui capaz de decirle, que procediera por favor a deleitarme con un desnudo integral ¡Joder, tío, quítate los calcetines! A mitad de coito, a F2 le asaltó una llorera incontrolable.
-Hostia, lo mal que folla y ahora se pone a llorar con los calcetines puestos- pensé.
-“No puedo correrme dentro, cielo, no pueeeeedooooooo”.
Decía con gran desconsuelo, sin motivo, porque nadie le había exigido nada de eso. Me levanté de la cama bruscamente y de mala leche, pues el parón había echado a perder el flojo orgasmo que estaba a punto de conseguir, después de mucha concentración.
Me fui al baño a refrescarme mientras se le pasaba el berrinche. Mi Pepito Grillo, siempre tan buen samaritano me dijo,
- Anda guapa, vuelve allí y sálvale el culo a F2, seguro que se te ocurre algo
Respiré hondo y volví dispuesta a terminar lo empezado. Tuvimos un final poco apoteósico, pero al menos rematamos.
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El caso f2 o msn, es my común, en cuanto que no son la misma persona si te entran por internet que cuando los tienes delante, una pena, ya decía yo que así ligaba cualquiera.