El primer verano
Tabla de contenido de "No es para siempre"
- El primer asalto
- La dulce Roser
- El primer verano
- Pagar en carne
Se acercaba el verano y Coronel, ninguneando nuestro acuerdo privado, solicitó hacer efectivos sus quince días de vacaciones estivales con el niño. Nuestro hijo no había dormido fuera de casa ni un solo día, tenía tres años.
Le conté que se iba de vacaciones con papá, se lo conté bonito y divertido para que no le supusiera sufrimiento alguno, pero se agarró a mí, se me enganchó a la ropa, llorando, suplicando que su padre no se lo llevara, pidiendo quedarse por favor, arañándome de la fuerza con que se me sujetaba.
No puedo describir la amargura de ese momento, solo alguna madre o padre que haya pasado por algo semejante podrá entenderme bien. Tenía que encontrar una solución alternativa. Más de dos semanas pasé dándole vueltas al tema hasta que me armé de valor y llamé a Coronel.
- A ver cabrón, tu me dijiste una vez que mi hijo era mi talón de Aquiles y yo el tuyo. ¿Dime qué quieres? ¿Qué quieres a cambio de que el niño no se vaya? Y vienes a verlo si quieres cuando tú digas…
Yo sabía que aquello era una treta, que no quería llevarse al niño de vacaciones, lo sabía, se haría atrás, pero ¿Y si me equivocaba? Maldito miedo…
- Tú sabes lo que yo quiero… Mira, pactamos hasta Navidad, cada quince días o una semana te acuestas conmigo y yo no voy a por el niño.
Me callé.
- ¿Me oyes?
Si Coronel, te oía perfectamente, preferiría no haberte oído.
- No puedo.-le dije llorando.
- ¿Quieres descontármelo de la pensión? Si quieres dejas de pasarla ese tiempo o lo que consideres.
- ¡No quiero pensión!, ¡tú sabes lo que yo quiero!
- ¿Me firmaras en un papel que no te llevaras al niño?
- Sí, te lo firmaré.
Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.


Coronel necesitaba un siquiatra por enfermo mental y Marlene otro para curarse lo que tantas y tantas mujeres tienen en estos casos: miedo.