Las visitas de la duquesa de Alba
Tabla de contenido de "Cásese"
- Mi boda
- W.C., Coronel y la Biblia en alemán
- Las visitas de la duquesa de Alba
- Siete pesetas y abono personal
- El consejo del patriarca
- Una por mejilla
- Tú volverás
Teníamos un pisito en una calle agradable en una zona tranquila. En nuestro dulce hogar, no hubo que esperar mucho para ver que las discrepancias entre nosotros crecían día a día.
El sexo era bueno y con eso íbamos equilibrando torpemente la balanza. Para mí empezó una carrera de obstáculos muy difícil de ganar, que ponía de manifiesto mi deficiente preparación para ser una buena esposa, pues:
a) No cocinaba bien.
b) Limpiaba demasiado.
c) Hablaba con demasiados desconocidos.
d) Gastaba mucho.
e) Me arreglaba más de lo que la decencia y el decoro recomiendan…
Etc. Etc. Esto era sólo el pistoletazo de salida en la carrera.
Coronel dispuesto a que la nuestra, fuera una economía saneada, me daba 1.000 pesetas de las de antes, para la compra del super semanal, pongamos que de aquellas, como referente, un cine debía andar por las quinientas pelas.
Me pedía que confeccionara una lista, en la que quedaba terminantemente prohibido incluir marcas conocidas, por habituales que fueran,
- Mira, lo que cambia es el envase y lo de dentro es lo mismo, que hay que ser tonto para no saberlo, mi padre en eso nos ha enseñado muy bien.
Olvidé el sabor de la coca-cola después de no catarla en dos años.
A Coronel le parecía mal que yo me esmerara con la limpieza. Me decía que a él le gustaban las casas como solía tenerla su madre cuando se murió, es decir, sucia y desastrada, o lo que él en un eufemismo sin desperdicio definía como “casas vividas”.
Como a mi la vida ácaro-bacteriana, me parecía una guarrería con la que no pensaba tragar, seguía manteniendo mi umbral de limpieza en un nivel apto para una buena higiene. Esta incomprensible manía mía, hizo que Coronel me increpará constantemente con comentarios cómo,
- ¿Pero para quien coño limpias? ¿Es que viene de visita la duquesa de Alba?
Tanto le dio por la grande de España, que la cosa creció y se convirtió en un método de burla, para poner de manifiesto la inutilidad y el despilfarro de mi caprichosa pulcritud.
Una noche le oigo hablar, la primera de muchas otras veces que vendrían después, con la mismísima de Alba.
-Señora duquesa, pase, pase por favor
Decía solícito Coronel mientras hablaba con el butacón a cuadros que teníamos en el salón
-¿Lo ve todo limpio señora duquesa?, ¿Quiere un té, doña Cayetana?
Se metía tanto en el papel de anfitrión que empecé a preocuparme, pues parecía creerse las visitas.
Llegamos a estar tan acostumbrados a la presencia de Cayetana en casa, perdonar que la tutee, pero es que teníamos ya mucha confianza, que una noche acabé hablando con ella yo también,
– Cayetana esto…
-Cayetana lo otro…
De algún modo su cabeza comenzaba a revelarse, su drama interior no resuelto le explotaba y le salía insanamente por los poros: Mi casa y mi familia se fueron a la mierda, vosotros tan felices, con todo tan ordenado y tan limpio, pero yo me cago en ello, y si no, que lo diga la duquesa de Alba.
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Mal asunto, celos a todo lo que le rodeaba a Marlene.Todo lo que he leído se llama maltrato psicológico.Un saludo.