El consejo del patriarca

Me miraba en el espejo y al ver mi deterioro era consciente de lo que me estaba pasando, aguantaba aquello, pero no me engañaba creyéndome culpable o merecedora del maltrato psicológico al que me sometía.

Cuando oía el ascensor, y por la hora sabía que podía ser ya él de vuelta a casa, la ansiedad se apoderaba de mí, mi hijo decía.

- Es papá.

Y al oírlo me moría de tristeza. Aquello tenía que acabarse.  Me planté. Ofrecí a Coronel lo siguiente:

-Mira, yo ya no te quiero, no te amo, ni siquiera me gustas, pero si accedes a que acudamos juntos a un psicólogo, por nuestro hijo, seguiré contigo.

Tal vez en el fondo creía que había posibilidad de salvación o tal vez lo que sucedía es que yo no era capaz de salir corriendo aún, quería para mi hijo una familia tradicional y completa, me sentía egoísta al privarle del pack integro con padre incluido, al menos hasta que comprendí que las convenciones no siempre proporcionan más amor y felicidad.

Fuimos al psicólogo dos veces. La primera se redujo a una conversación sobre temas que a mi me parecieron triviales. En la segunda le ordenó medicación para un trastorno mental: incapacidad de control de los impulsos y doble personalidad.

Coronel mandó a la mierda al psicólogo.

Agotada esta vía recurrí a una abogada, en principio quería solo ver si reaccionaba favorablemente y las cosas cambiaban. Doña Elvira San Román Atzárate fue la escogida, matrimonialista experta y muy cara. Lo llamó.

-Buenas tardes señor Coronel. Llamo en representación de su esposa, desea iniciar los trámites de separación. Sería conveniente que nos reuniéramos, si no tiene inconveniente, en mi despacho.

Coronel vino llorando, me abrazó y prometió cambiar y juró que tomaría los medicamentos que le había prescrito el médico.

La familia de Coronel se retiro convenientemente, sobre el problema psicológico de su hijo adoptaron una práctica actitud de avestruz, o suerte de filosofía empírica estilo Hume, si cierro lo ojos y no veo el problema, quién me dice a mi que el problema existe, el problema no existe.

El cuñado sensato intentó hablar con mi marido, fue el único que se tomó en serio que su hermano tenía un problema grave, sin embargo de nada sirvió, se impuso el criterio del patriarca de los Coronel:

- Si quieres ser feliz, no analices tanto hijo, no analices…

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Comentarios

Estuendo el consejo de mierda que le dió a su hijo el patriarca, bastante retorcido este señor, por cierto. Marlene lo intentó todo pero yo creo que no se hacía el ánimo de dar el paso que en fondo sabía tenía que dar, separarse de ese cerdo.

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