Novia con solera
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Fernando Olmos Dalmau, llegó a la empresa como supervisor de la central, a auditar nuestros procedimientos y nuestras cuentas.
Mi historia con Fernando puede definirse como un espejismo que duró cuatro años, un amor platónico oscilante, coetáneo de otros amores míos más carnales.
Fue una relación platónica, pero recíproca. Cuatro años de bonitas esperanzas y de ilusiones dolorosas, por incumplidas.
Era un tipo corriente, de los que pasan desapercibidos, alto, con cuerpo de antiguo deportista, ninguneado por un traje chaqueta siempre gris. Sencillo, noble y trabajador. Un hombre joven en un puesto de responsabilidad.
No hablamos la primera vez que nos vimos, sólo nos sonreímos. Después tuvimos que trabajar juntos mucho tiempo. Fernando tenía novia, novia con solera, novia fija desde la adolescencia. No hablaba mucho de ella pero ahí estaba.
Tuvimos muchas reuniones de trabajo, primero porque eran precisas, después porque encontrábamos excusas imposibles complicando las tareas más sencillas, para que duraran una eternidad. Si había que rellenar dos papeles, él me solicitaba seis, si yo necesitaba una aclaración le pedía una docena… Se nos llegó a amontonar el trabajo. Si se planteaba una comida o cena profesional siempre nos sentábamos juntos, nos buscábamos.
Cuatro años a la deriva, sin pasar a la acción. Una vez Fernando me dijo.
- Lo nuestro es un amor imposible. Después agacho la cabeza y enrojeció.
Nunca se atrevió a acelerar en serio, yo tampoco. Creo que se debatía entre su amor oficial y la posibilidad de iniciar algo conmigo, como en el bolero ¿Se puede querer a dos mujeres a la vez y no estar loco? Yo creo que se puede, he amado a dos hombres al tiempo, pero nunca a ambos de la misma forma, si hubiera tenido que elegir, lo hubiera hecho sin vacilar.
Él también acabó por elegir. En una ocasión subiendo por las escaleras hasta el despacho, Fernando y yo nos cogimos de la mano en un acto reflejo, tardamos unos segundos en darnos cuenta que íbamos de la mano, nos soltamos de inmediato, como si aquel contacto fuera un acto pecaminoso.
Sabía que no podíamos llegar a nada, pero tuve temporadas de ataque, en las que intenté que reaccionara provocándolo, más corta la falda, más generoso el escote, él lo pasaba mal, se encendía como una bombilla pero guardaba la distancia a rajatabla. Cuando yo dejaba las cosas correr, era él el que se acercaba, llamadas incongruentes, preñadas de excusas infantiles, con el único objeto de pasar un rato hablando. Al colgar se me quedaba en el pecho una mortificante mezcla de esperanza y tristeza.
Soñé muchas veces que hacíamos el amor, puse en su boca las palabras que hubiera querido que me dijera, le oí pronunciar lo que nunca quiso o pudo decirme. Fernando me declaraba su amor y yo me entregaba incondicionalmente a su cariño, tan fácil, tan sencillo, tan irreal.
Llamó su secretaria como muchas otras veces, pero ésta para decirme que Fernando se casaba.
- Fernando va a tener que hacer abdominales, dice que el traje de la boda le queda justo y yo le he dicho que no se preocupe que con los nervios de la boda, seguro que adelgaza… Eso me explicó.
Se me partió el corazón. Estaba más que cantado, tenía novia hacía siglos, tarde o temprano acabarían casándose. Pero lloré, ese día y el de su boda. No fui capaz de llamar a felicitarlo y él tampoco llamó a contarme, como a una amiga más, que se casaba. De nuevo el vacío, el desgarro, el dolor de una ocasión perdida, la angustia del desamor, la puta soledad.
Vinieron otros a ocupar el espacio vacante de Fernando, nuevas historias, amores que forman parte de mí y que acreditan que he vivido. Pero como en muchas de mis relaciones, también en ésta hubo lugar para el epílogo, de nuevo por trabajo, hace un año nos vimos.
- ¡A ver si quedamos una noche!
Estoy de mi mujer y de mis hijos hasta las narices… A ti te veo estupenda, en cambio a mí, la vida de casado me tiene asqueado… Sin comentarios.
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Comentarios
¿Como?, a ver shà, si el tal Olmos no tuevo un rollo con marlene, tal y como estaban de enamorados o encoñados aunque él tuviera novia de toda la vida, ¿ no es cierto que actuó diferente al resto de hombres?.¿porque son todos iguales, entonces, si este actuó en consecuencia?.


Que dolor, hija, que dolor, creo que el paso que no inició Olmos, que era el que tenía la novia con “solera”, fué entre prudente y cobarde. ¿y si huberan probado un poquito aunque el tuviera novia y marlene nada? ¿soy muy mala?. Bs.