Mi boda

Francisco de Borja y yo empezamos los preparativos de nuestra boda a pesar de que en su casa se habían producido ciertos cambios.

El ambiente familiar de los Coronel pasaba por horas bajas. Su madre había enfermado gravemente y en menos de un año un cáncer galopante se la había llevado. En el hogar familiar las cosas habían entrado en una espiral descendente, que le regaló a mi novio el doloroso desarraigo que tanto iba a trastornarle.

El patriarca sintió que los cimientos de su vida se tambaleaban y cayó en un estado depresivo. Quién sabe si fue para salir de su hundimiento, por lo que no tardó más de tres meses en contraer segundas nupcias con una viuda “opusina” que aportaba al matrimonio cuatro hijos.

Los nuevos hermanastros no fueron bien vistos por mis cuñadas que practicando lo de dividendo, divisor, cociente y resto, consideraron que las proporciones del reparto de la fortuna, que su apellido debía conferirles, se mermaban en su detrimento innecesariamente.

Las cuestiones económicas se entremezclaron  sinuosamente con la defensa a ultranza del recuerdo de la madre muerta, en una batalla dolorosísima y perdida de antemano. La abuela abandonó la casa familiar de su pobre hija finada, camino de una residencia y mi cuñado, el cabal caballero de brillante armadura, comenzó a encadenar sus viajes de negocios, para mantenerse alejado, justificadamente, de aquella quebradura.

No supe hasta mucho después qué veneno terrible se le metió en el alma a Francisco a causa de aquel desmembramiento, ni que problemas psicológicos, quizá ya latentes, se le desperezarían para salir a la luz.

Un año después del drama se iba a celebrar nuestra boda. Comenzamos la organización malamente, pues Paco Borja contradecía cada una de mis elecciones sistemáticamente, echándome por cara lo rematadamente mal que lo hacía todo.

- Pues si no te gustan las flores, no hay problema, escógelas tu, mira a ver cuales te parecen mejor a ti.

- Le decía yo, y él.

- Pues lo tenemos fácil, ya me encargo de avisar a uno de los primos de mi padre para que traiga del pueblo un buen manojo de cardos. Dejaremos uno en cada silla, que a los invitados pijos que vienen por parte de tu familia, el detalle les va a encantar ¿qué te parece así?

Y se me quedaba mirando para ver como coño reaccionaba, cabrón, hijo de puta y retorcido Coronel. Y yo que achacaba el asunto a la tensión de los preparativos, y que estaba apunto de casarme, prefería seguir discutiendo e intentando convencerlo con suavidad, de que unas margaritas eran suficientes.

Él no quería colaborar, porque se valía de sus negativas y su cerrazón para deshacerse del dolor y de los problemas a los que no sabía enfrentarse, porque para empezar, no reconocía que existieran. Aguantando esos desahogos con muchísima paciencia se trazó todo.

Mi familia nos apoyó en cuanto hizo falta, cosa que no puedo decir de la suya. Necesité más pruebas de mi vestido que otras novias, porque no dejaba de adelgazar, por los nervios y los disgustos, aunque ni comparación, aquella perdida de peso, con la que me provocó más tarde mi amado esposo.

Nos casó un cura amigo de su familia, que nos dedicó unas palabras muy cariñosas sobre las bendiciones matrimoniales, que Paco Borja escuchó con monacal expresión, transfigurado, convertido en dulce serafín, con sus ojitos llorosos mirando al cielo. Cuando el pater llegó a la pregunta del día, a la de si lo quería en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad y hasta que la muerte nos separase…pensé,

- Dios mío, ¡demasiado tiempo!

¿De veras quería yo casarme con aquel tipo? ¿Le quería? ¿De veras quería yo ingresar en aquella copetuda familia? ¿De veras ansiaba tanto hacer lo que tocaba, o yo creía que tocaba, ser una mujer casada con un niño bien? ¿De veras me importaba a mi su maldito “parné”, o el de su padre, dinero custodiado por la cofradía de la virgen del puño prieto?

Sólo tenía que recogerme la falda y salir corriendo sin contestar, en las películas lo hacían, pero no tuve el valor necesario.

Al banquete no le faltó detalle, ya se encargó de ello un buen amigo de mi padre, que lo organizó con gran finura y elegancia, y nos hizo una rebaja considerable como regalo de bodas.

Gracias al buen gusto de mi padre y a su generosidad, pasamos la noche de bodas en una bonita suite de un hotelazo, para salir de allí directamente hacia nuestro viaje de novios. Algunos colegas periodistas de mi padre, en plan detalle, habían pensado hacer una pequeña mención al bodorrio en sus respectivas publicaciones.

Cuando me lo comentó, pensando que a mi me iba a hacer ilusión aquel detalle de celebrity, me eché a temblar,

- ¡Ay! ¡Que no papá, que no! Que ni se les ocurra que Coronel me monta el pollo, que esas cosas no le van, que se va a molestar muchísimo, que no, que no.

Y tan crudo se lo puse que hizo advertencia a todos para que desistieran de sus bien fundadas intenciones. Pero no nos llegó la suerte, a punto de salir para el hotel, uno de los columnistas de un periódico que no mencionaré, mamadísimo de Taittinger y muy feliz, nos dijo a gritos desde la puerta del restaurante,

- ¡Enhorabuena parejita! ¡Mañana os saco en un breve! – Hostia tu, ya es desgracia.- Me dije yo.

Cuando llegamos al hotel, y eso si, después de hacer el amor, o lo que fuera aquel simulacro, que más no se podía de lo cansados que estábamos, Coronel refrescando la memoria sacó el temita,

- ¡Ese periodista de mierda me ha tocado los cojones!, a partir de ahora las cosas van a cambiar, olvídate de tu apellido, tu vas a ser una Coronel.

A mi el agotamiento y lo inoportuno del momento me dejaron sin fuerzas para hablar. Me di la vuelta y a dormir. Coronel hablaba en serio, yo lo sabia, de pronto una película de todo lo que podía depararme la vida con mi marido me pasó ante los ojos, y me estremecí.

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Comentarios

buenooo, ¿quería decir el tal Coronel que a partir de matrimoniar Marlene no tendría identidad? ¿por una nota en un periódico o no sería por eso?.Saludos.

Ella se temía la reacción. Ya sabía que iba a tragar mucha hiel, Debía haberse arromangado el vestidito y salir en estampida: Nos ha resultado un poco tonta y cobarde la Marlene!!!!

Nenaaaaaaa,, has visto muchas películas, ¿ no te das cuenta que eso es fácil pensarlo y decirlo pero no hacerlo?, decir cobarde a una persona que no hace algo tan “peliculero” es muy sencillo, lo de tonta adimitido.

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