Achuchón macarra en El corty

Tabla de contenido de "Work in vane"


  1. Achuchón macarra en El corty
  2. Sexo contorsionista
  3. La novia-foca bailarina
  4. Concejal hp
  5. Novia con solera

Trabajo en vano, trabajo en balde, así llama un amigo mío consultor a las acciones comerciales que no llegan a buen término. Yo le he robado la expresión para titular mi capítulo de escarceos laborales, que además de surgir en el seno empresarial, bien por propia iniciativa o por requerimiento ajeno, acabaron siendo intentos vanos, no exentos de riesgo ni dificultad.

Mi debut en este sector se produjo de la mano de

Marcial, un macarra de cuidado. Coincidimos en unos cursos de perfeccionamiento para fisoterapeutas en ejercicio. Mi empresa organizaba el evento y yo estaba a cargo de las acreditaciones, la recepción y atención de los asistentes.

Marcial tenía una clínica de renombre y participaba como ponente. Disertó sin demasiado brillo sobre el maravilloso mundo de los quebrantahuesos.

Luego procedió a mostrar un ejemplo práctico, ayudado de una voluntaria a la que tumbó en una camilla y alineó las vértebras con gran maestría.

Marcial estaba casado, tenía dos hijos, estatura media, bronce marinero, ojos marrones, cabello liso y castaño, sexi y algo macarrón.

Después de su exposición, en el descanso, tomamos café juntos. Coqueteamos lo suficiente para citarnos otro día.

Las citas nos convirtieron en amantes durante un año. Él me hablaba de su mujer, la definía como una “maruja”  (sin connotaciones despectivas lo uso yo), con rulos y bata de guatiné.

A mí, con el tipo de relación que teníamos, me importaba un pimiento cualquier aspecto de su vida conyugal, pero supongo que él quería justificar que buscaba algo distinto a lo que encontraba en casa.

Marcial tenía dos motos y dos cascos a los que sacaba brillo obsesivamente. Me llamaba por teléfono y me decía,

- ¡Bruja! He juntado los dos casos y como siempre, al hacerlo me viene a la mente la imagen de tu culo ¿Quieres que quedemos?

Sí, me llamaba bruja, a mí me gustaba, tenía gracia el canalla.

Lo hacíamos en su coche, sí, también tenía coche. La verdad es que me excitaba más con sus proposiciones que con la ejecución en sí, me daba más morbo oírlo que tenerlo arriba o debajo.

- ¡Bruja cómo me pones! solía repetir.

Marcaba bien el ritmo, follaba bien, pero le faltaba sal, no tenía el punto portentoso que yo echaba de menos.

Le gustaba jactarse de sus relaciones extra maritales, nos cruzamos en una ocasión, casualmente en una planta del Corty. El iba con dos amigos, me arrinconó contra un expositor y yo le dejé que me acariciara, mientras sus compañeros quedaron boquiabiertos y envidiosos.

Supongo que a Marcial y a mi, nos produjo más placer verlos a ellos medio catatónicos, que el propio achuchón que nos dedicamos.

Marcial no dejó en mí una huella muy profunda, la relación languideció. Yo me fui apartando a poquitos y el macarra quedó convenientemente en la lejanía.

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Comentarios

MARCIAL DEBIA DE SER TAN MACARRA, QUE HASTA PARA LIGAR ESTANDO CASADO DECIA LO QUE SUELEN DECIR LOS MACARRAS CASDADOS :
“mi mujer, los rulos, la bata, etc”
El caso es que los hay más originales.

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