La navaja de Albacete, El episodio I

De vuelta a casa, sin rastro de mi añorado Teo, pero con Félix Tous arraigado en mí para siempre. El vuelo hasta Madrid pasó en un suspiro. Antes de embarcar de nuevo, en vuelo hacia casa, un suceso, que por lo pintoresco voy a contar, me sacó de mis ensoñaciones de alcoba.

Años antes de este viaje a Marbella, mi abuelo, que en gloria esté, comenzó a mostrar cierto desvarío. Viajaba por España en calidad de turista jubilado, y se aficionó a la compra de navajas como souvenir. Navajas recuerdo de Albacete, de Soria, de Salamanca, navajas para regalárselas a su hija, mi madre, que no sabia que hacer con ellas, por más que mi abuelo se empeñara en que las exhibiera en una vitrina en el salón, en sustitución de las figuritas de Lladró que mi madre cuidaba como tesoros.

Mi madre comenzaba a estar harta del tema de las pericas del abuelo, y cada vez que aparecía con una más para la colección, se encargaba de hacerlas desaparecer en los altillos de los armarios, lugar en dónde guardábamos las maletas.

Yo, que detesto hacer el equipaje, y me vale con que todo quepa, no suelo revisar los bolsillos laterales, pues no los gasto.

Después de recorrer tres aeropuertos con la inocente maleta, me paran en Barajas. Treinta y uno de Agosto, medio día, un hervidero de gente intentando volver a casa. En el control de equipajes:

- Señorita, ¡Lleva usted una navaja en la maleta!
- Imposible, que voy a llevar yo…
- ¡Señoriritaaaaaa!
- Oiga que no ¿Para qué voy a querer yo una navaja? ¡Si me atracaron una vez y me puse a llorar en un rincón! Pero… ¿usted lo ha visto bien?

En la cola comenzaba la gente a mosquearse con el asuntito de la faca ¡Saca ya la puta navaja! Gritaban algunos. Otros más solidarios intentaban una vía más empática.

- Señorita, si es de entender, muchas mujeres la llevan para defenderse, yo misma tengo una en casa…
- Pero oiga usted, que yo no me defiendo nunca, nunca.

El de seguridad me mostró el bulto sospechoso y yo por fin caí ¡La navaja de mi abuelo!

- ¡Ahhhhhhhhhhhhhhh! ¡La navaja de mi abuelo!

La cola comenzó a impacientarse y los abucheos se extendieron.

- Oiga qué nos importa a nosotros de quién sea la navaja… Todo menos reconocer que la lleva ¡Señora, ya esta bien!

Me tiraron de allí, sorprendentemente, sin quitarme la navaja. Mientras me alejaba, muy pesarosa por el incidente, en voz alta y dedicado a la cola que se formó por mi culpa les dije:

-¡Lo juro por Dios! ¡Yo no la puse allí! ¡Fue mi abuelo!

Cuando llegué a mi casa, a mi madre le cayó la del pulpo,

-¿Con qué así guardas tú los regalos del abuelo? ¿Qué quieres, una hija extraditada? ¿Qué me metan en Alcalá- Meco a vacacionar?

La navaja no volvió al altillo, la poderosa hoja recuerdo de Albacete, pasó a uno de mis bolsos, el que curiosamente llevaba el día que conocí a mi ex marido.

 

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Comentarios

¿porque curiosamente llevaba la navaja el día que conoció a su ex? ¿lo mató o intentó matarlo? ¿porque me da la impresión que el episodio del ex-marido va a ser el más sorprendente?

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