Renato road movie

Yo aún no lo sabía, pero estaba muy cercana la irrupción de uno de mis mejores amantes, un amor de los buenos me esperaba. Un tormento, ya que no sé por qué estúpida razón, los hombres a los que más amo acaban produciéndome terribles desgarros en el corazón.

Encontrar a Teo Barhan, fue fruto de una prodigiosa suma de azares. Acudí a una cita con una amiga a ejercer de buena samaritana y paño de lágrimas, su novio acababa de dejarla para siempre con un simple “ahí te quedas, que te vaya bien” después de varios años de relación.

Ella lloraba con desconsuelo y le importaba un carajo que todos en la cafetería se entretuvieran mirándonos. A mi amiga, novio incluido, la habían invitado a pasar unos días en Marbella, cuando Marbella aún era el paraíso de la jet.

Tenía allí unos familiares dueños de una terraza de copas muy chic y concurrida. Arriba del garito habían habilitado una habitación y se la cedían una durante unas semanas. Ahora que el novio de mi amiga se había dado a la fuga, su plaza quedaba vacante, de modo que a Marbella nos fuimos las dos, ella a olvidar, yo de dama de compañía.

El alojamiento era estupendo, chiquitito pero bien arreglado y limpio. Estábamos dispuestas a pasarlo lo mejor posible. Las mañanas las disfrutábamos en la playa y la tarde-noche en la terraza que se llenaba de variopintos parroquianos.

Conocimos allí a Renato, un peculiar personaje, hijo de argentinos, sus padres habían fallecido y el se había instalado en la madre patria con una herencia, al parecer jugosa. Homosexual, alto, fornido y guapo. Era un asiduo y acabamos por vernos a diario.

Una tarde se nos acercó, y con gran naturalidad nos dijo:

- ¡Hola guapas! Tengo quinientas mil pelas en el coche, ¿Nos vamos a Vejer de la frontera?

Nosotras que no teníamos un planazo especial aceptamos al momento.

- ¡Pues vamos!

Con uniforme de veraneo, esto es, bikini, pareo y chanclas, nos subimos en el coche a hacer turismo con Renato. El argentino se emocionó con la excursión y lo que iba a ser un viaje de unas cuantas horas, se convirtió en un periplo de varios días, una road movie en toda regla.

Fajo de billetes en mano, se encargó de lo que hizo falta, comidas, hoteles, y braguitas de algodón para que nos cambiáramos, porque seguíamos con el bikini de la salida como única prenda obligatoria.

Llegamos a Zahara de los Atunes y nada más bajar del coche, oímos su voz.

- ¡Renato! ¡Renato! ¿Pero que coño haces aquí?

Ahí estabas Teo, eras tú. Acompañado, por tu amigo de Alcobendas y dos primos tuyos, señoritos de cortijo. Mira por dónde conocías a Renato. Mientras hablabas con él, al parecer muy contento por el reencuentro, yo te miraba.

Tus gestos masculinos y elegantes, tu acento de la capital, tu pelo negro de Al Pacino, tu sonrisa blanca y tus ojos burlones, perfecta combinación.-pensé. Rezumabas savoir-faire, clase de la de verdad.

Tenías a quien salir, tu padre, que había empezado de matarife en Extremadura sacrificando cerdos, y ahora, tras años de esfuerzos y luchas, era uno de los peleteros más afamados del país. Tu padre, que ya no era Teodoro Barragán, experto carnicero, sino que como tú, había adoptado Teo Barhan como nombre de guerra, escudo protector en el mundo de los ricos. Pero no olvidaba sus orígenes, tampoco lo hacia tu madre, una brasileña valiente, que había llegado a Madrid con lo puesto a probar suerte como modelo. Tus padres supieron enseñarte a ser un buen hombre.

Mi amiga se consoló de la trágica pérdida de su novio, en brazos del amigo de Alcobendas. Teo y yo sólo nos dedicamos a la observación mutua. Renato, mi amiga y yo regresamos a Marbella al día siguiente y Teo and Co. se quedaron apurando los días de hotel que tenían contratados.

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Comentarios

“un desgarro”,”un tormento”: “un amor de los buenos”; imagino que en algun momento de esta historia este amor sería no correspondido.marlene aqui me parece se nos enamora a lo bestia, no?.bss.

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