Duelo de testosterona

Los siguientes pares fueron una historia de celos y guantazos.

Juan Carlos y su amigo Quico.

Nos conocimos de pubs, que era lo que se estilaba entonces, realizar una peregrinación o romería por los locales más concurridos, tomar copa y seguir. En una de esas paradas coincidimos. Juan Carlos era feo objetivamente, mirarlo a la cara  resultaba inquietante, pues daba la sensación de que ojos, cejas, nariz, boca, orejas, todo en su rostro, se posicionaba con suprema anarquía.

Pero su falta de belleza corporal, un obstáculo solo inicial, pues a tipos poco agraciados les puedes encontrar tremendas virtudes, se veía agravada con una pesadez insoportable.

Quico pasaba totalmente desapercibido, ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco.

A Juan Carlos, lo dejé estar, pero el se enamoró de mi. A Quico lo provoqué un poco. Por lo general, la que liga soy yo, aunque más de una vez, más de uno me haya dicho:

- ¡Te acuerdas como te conquisté!

Consiguieron mi teléfono, conste que a ninguno se lo di yo. Les atendía las llamadas y los saludaba si nos veíamos por ahí, pero nada más. Me divertía ver que los dos estaban por mí, y cómo no tenía nada con ninguno, ni les había concedido la más mínima esperanza, no le daba importancia a su insistencia.

Debí haberlo hecho, sabía que ellos empezaban a tomarse la cosa en serio y que era momento de parar el juego, pero no lo hice. La situación se desmandó.

Una noche, había quedado con una amiga, iba camino de la cita, cuando una conocida mía me alertó ¡Ven corriendo! ¡Son esos dos, Juan Carlos y su amigo! ¡Se están dando de hostias en plena calle!

Cuando llegué hasta ellos, un enjambre de gente los rodeaba. Forcejeaban, se gritaban, se empujaban. Me asusté. Afortunadamente algunos de sus amigos se acercaron a separarlos.

No intervine, por miedo a empeorar las cosas y porque ya habían dejado claro que era yo el motivo de la disputa.

-¡Yo la conocí antes y tu te metiste por medio!- decía Juan Carlos

-¡No!, tú solo le diste antes conversación- reivindicaba Quico y tenía razón.

Se ratificaba mi teoría sobre la docilidad de la fantasía, qué fácil es construirse mundos con un fundamento mínimo. Muchas veces yo también he creado mis propios universos de amor y desamor sin base alguna.

Jamás les quise, y de haber supuesto que las consecuencias llegarían a ser aquellas, no me habría permitido el más mínimo coqueteo. Dos amigos separados por una estúpida competición en la que ninguno de ambos optaba a premio. No debió suceder.

Pasados algunos años, vi de nuevo a Quico, solo. Acabamos acostándonos, en su coche. Me dijo entre jadeos:

- ¡No sabes las ganas que tenía de vengarme!

No entendía yo lo de la revancha, pero no me importaba que el polvo fuera de desagravio si él lo quería así ¡Véngate dentro de mí, cariño!

Tags:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

UNA COSA ES VERDAD COMO LA VIDA, CUANDO ALGUIEN SE ENCOÑA/ENAMORA DE OTRO ALGUIEN , SE MONTA SUS PROPIAS HISTORIAS CON ESA PERSONA SEGUN VAN HABLANDO,VIENDOSE, ETC, QUE DESPUES !SORPRESA!, NO TIENEN NADA QUE VER CON LA OTRA PARTE.MENTE FRIA EN EL AMOR. DIFICIL.

jajajaja…..qye cabrón, después de varios años aún se acordaba de la venganza….jajajaja…..vaya tio. Eh!!!, y que conste que la Marlén no liga….se deja querer que no es lo mismo.

no essssss lo mismo (alejandro sanz), no , no es lo mismo, bragan , quizá se dejó querer demasiado….!Se tiraba a todo lo que se menea!

Escribe un comentario

(requerido)

(requerido)