Peligros del calentamiento telefónico
Tabla de contenido de "Las cinco veces que fui virgen"
El tema del sexo se planteó un día, inocentemente, como el que no quiere la cosa. Coronel, platicando sobre su ideario me confesó: .-Ya se que en estos tiempos esto suena anticuado, pero la verdad es que a mí me gustaría que mi mujer estuviera “como Dios la trajo al mundo”. ¡Desnuda! – pensé yo, pero no, él se refería a la sempiterna cuestión de la integridad del himen.
Y yo, poseída por el espíritu redivivo de Sarah Bernhardt, en nombre del inmenso cariño que le tenía, declamé: – Me da vergüenza hasta confesarlo, pero soy virgen… ¡Ah! y otra cosa, no quiero que esto sea motivo de burla.
A Coronel se le transformó la cara, la alegría iluminaba su rostro como si fuera un mofletudo ángel barroco, revoloteando con alegría de colibrí por un retablo parroquial. Mi querido Coronel, te mentí, mea culpa, pero… ¿Qué importancia tuvo aquello si lo comparamos con el infierno que luego me hiciste atravesar? Porque por ti sufrí lo que no esta escrito, bueno, al terminar con esto, algo escrito si va a quedar…
Y ya que estaba claro que íbamos a casarnos, Coronel en un ataque de modernismo, ganas y necesidad, estimó que no habría nada sucio ni pecaminoso en que adelantáramos unos meses la noche de bodas.
El día en que por fin hicimos el amor, Coronel tuvo sumo cuidado en evitar un doloroso desgarro a esta pobre y asustada virgen que suscribe.- ¡Me duele, me duele!- decía yo desconsolada. No es que yo fuera una actriz digna de la dorada estatuilla, ni nada semejante, es que Paco Borja era de fácil convencer en lo tocante a mi ingenuidad.
Lo hicimos en su coche, apretados e incómodos. Después de esa primera vez vinieron muchas más. Debo decir que Coronel era un gran follador. La confianza y soltura que se obtiene al practicar a diario, porque que fuera todos los días era a juicio de mi novio, opción muy saludable y frecuencia ideal para la repetición del acto, ayuda a relajarse y a disfrutar con más intensidad el sexo.
Coronel no era un hombre experimentado pero le gustaba experimentar. Se entregaba al sexo oral con gran voluntariedad y dedicación. Se entretenía con prácticas accesorias, entre las que destacaré, por ser una de sus favoritas, la depilación de la cuquita de una servidora, lo que fomentaba, que a menudo fuéramos cinco en la cama: la maquinilla de afeitar, la espuma de afeitar, un espejo de aumento, para que Coronel no se perdiera detalle, el propio Coronel y esta prolífica virgen.
También me aficionó a la práctica del calentamiento telefónico, costumbre en principio inocua, pero con grandes posibilidades de complicación. De todos los calentones dejaremos en estos anales, por su amplia difusión, uno que se hizo público muy a mi pesar. ¡La conversación se quedó grabada en el contestador de casa de mis padres!
Sí, sonó un pitidito y pensé-mira el contestador, pero yo estaba muy concentrada escuchando las procacidades de Coronel…y te voy a hacer… y tu serás buena… y entonces yo… y ahora tu… No, no comprobé el contestador. Mi padre recogió el mensaje grabado mientras yo estaba fuera de casa. Mi padre presume de moderno, y sin duda lo es en muchas cosas, pero el hombre tiene sus límites y debo decir que la conversación no tenía desperdicio, ni ofrecía posibilidad alguna de equívoco o ambigüedad.
Cuando volví a casa, estaba papá de un humor perruno, en versión mastín napolitano,
- ¡¿Me quieres explicar, que coño hacéis tu y el novio ese que te has buscado, por teléfono?! ¡Meapilas de los cojones!
En estos casos uno desea pertenecer al colectivo “treki” para teletransportarse a cualquier galaxia vecina en un santiamén.
- Papá, habrás escuchado mal…
Fue esa toda mi explicación, porque mi cerebro no funcionaba al ritmo necesario para poder encontrar una excusa medio buena. Me lo imaginaba escuchando las guarradas que Coronel me había dedicado, con mucho amor testicular y especial ensañamiento ese día, y me temblaban las piernas.
Entendió que lo más prudente era hacerse el loco. Él que es un hombre de mundo y un señor, nos evitó a ambos el trago de escuchar juntos la prueba acusatoria, arqueó las cejas y como final de la función, me dedicó una mirada de padre, de las que acojonan mucho.
Leer el siguiente post de "Las cinco veces que fui virgen"
Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.
Comentarios
sin embargo, deseo, a mi me parece my sexi lo de la depilación del “puturru” de la nena, eso si te lo saben hacer bien !y con espejo y todo!, esta ok,ok,ok.
Me parece mentira que todos hayáis obviado la anécdota del padre. Yo creo que es lo mejor. ¡Quizás haya superado ya lo de la maquinita de afeitar!, detalle muy peliculero por otro lado…..Sólo me sorprende de la escena, el espejito de aumento, ¿tan pequeña era la cosa?…
hija, sara, si no es necesario que sea pequeña, lo que funciona en estas circunstancias tan sexis o peliculeras, es cuando uno/a esta excitado/a, es entonces cuando cualquier añadudo sirve como juego.
Sara cariño, tu te la has depilado poco verdad???, porque una cosa es que te la depilen y otra muy distinta depilartela tu solita…y encima con gente mirando. jajaja.
Ahora, que te doy la razón con lo del padre me hubiera gustado ver la cara de Marlén cuando escuchaba el mensaje sabiendo que lo había oido todo.
tiene razon bragan…(bonito nombre por cierto), a mi si la cosa se pone sexi me encantaria que la depilaran como marlen. en cuanto a lo del contestadro tengo casi clara una cosa: marlen era una dejada: “que si soy virgen, que si doble condon para no discutir, que si salta el contestador en casa de sus padres y sigue con el calenton…). claro que asi me imagino es como se puede hacer hasta un libro.

“no quiero que esto sea motivo de burla”, dice que dijo marlen cuando le planteaba su virginidad, pero que MORRO, tiene esta tia, y que huevos,también. No solo le miente en lo referente al tema si no que ademas le suelta la fracesita para no parecer sospechosa, es muy lista,muy, muy lista y tiene un morro que se lo pisa.