Acariciando la navaja de Albacete…
Tabla de contenido de "Las cinco veces que fui virgen"
El último al que tuve que colocarle la milonga de mi mágica virtud, fue a mi actual ex marido.
Fue por necesidad porque de no haber actuado así, nada habría pasado entre nosotros dadas sus arraigadas convicciones religiosas. Tal vez hubiera sido lo mejor, pero claro está, a toro pasado que fácil es hablar.
Lo conocí porque debía estar marcado el día y la hora. Mediaba septiembre y andaba yo apurando los últimos días de mar y sol. Estando en la parada del autobús apareció primero una línea que no solía tomar pero que también llegaba a la playa, me decidí por tomar ese transporte a pesar de ser yo, en ese sentido, un animal de costumbres.
La playa estaba desierta, tal como dice la canción, con motivo, porque siendo día entre semana y pasado agosto, sólo cuatro gatos se acercan hasta allí. Extendí mi campamento, a saber: toalla, bronceador, botella de agua, revista de cotilleo, paquete de tabaco y encendedor. Me puse en topless, como de costumbre y me tumbe dispuesta a avanzar en mis ejercicios de meditación trascendental.
No pude, porque un pesado, que tenia la playa entera para sentarse, quería ponerse allí a mi ladito. Le dije que no, que prefería que no se sentara conmigo. Se fue. Paseo arriba y abajo como alma en pena, después inició otra aproximación, escorándose hacia mi toalla cual cangrejo playero. Yo no estaba por discutir, tenía el día triste, mi hermana se casaba. No me daba pena que se fuera de casa, ni tenía yo un estado depresivo y sentimentaloide por otra cosa que no fuera, una penosa envidia de esa que incomprensiblemente llaman sana, yo quería querer como ella quería. Quería un amor con retorno, un amor correspondido y sincero. Estaba harta de mis deambulatorios improductivos. Tenía ganas de llorar por todo lo que ansiaba y no llegaba.
Yo sumida en mis tristes pensamientos y él que seguía emperrado en sentarse al lado.- Mira, la playa es un sitio público, así que siéntate dónde quieras.-le dije finalmente. Se sentó rozando mi toalla, empezó a hablar, le dejé, después empecé a contestarle.
Estuvimos conversando un buen rato, no recuerdo de qué, pero consiguió disipar las brumas negras que me rondaban. Fue sencillo, las cosas buenas son sencillas. Él, que me llevaba a casa, y yo, qué bien. En coche con un desconocido ¡Viva la temeridad! ¡Pero si no sabía quién era! Metí la mano en el bolso y encontré lo que buscaba, una navaja de Albacete de dimensiones descomunales,que ya contaré cómo y porqué en otro punto de este catálogo, se convirtió en mi compañera de algunos viajes. No dejé de acariciar aquella faca tremebunda en todo el trayecto, sin intención de usarla claro está, pero por si a caso. Más de una vez, cuando he recordado el momento, me ha sobrevenido un instinto asesino incontenible, unas ganas de cortarle el cuello, que a buen seguro llegaréis a entender.
De momento la cosa iba bien, allí estaba Francisco de Borja Coronel, para servir a Dios y a usted, llevándome a casa. Me pidió el teléfono y se lo di. Iniciamos un noviazgo en toda regla, de los buenos, de los de toda la vida. Yo caí en un estado de casi agradable conformismo aturdida por todas las atenciones que me dispensaba Paco Borja. Me idealizó, me subió a lo alto de un altar para adorarme como a una aparición. Me quería con locura, hasta el punto de dejar la entrega del incondicional Armand, reducida a una menudencia microscópica.
Yo le dejaba hacer. Él por entonces era el proyecto de un buen hombre, noble y generoso, un hombre que no consiguió ser, porque por desgracia para ambos, se malogró en el camino.
Conforme el noviazgo fue avanzando comencé a percatarme del arcaico ideario que regía el pensamiento de Paco Borja: Una mujer es un objeto delicado; una mujer es siempre, siempre, más débil que un hombre; una mujer debe permanecer pura y casta hasta el matrimonio (¡Ay Señor!); una mujer debe cuidar de su casa y convertirla en el descanso del guerrero para el esposo; una mujer debe recibir al marido, acabada la jornada laboral, con una dulce sonrisa en los labios, así se caiga el mundo; una mujer es madre…madre de cinco hijos. ¡Y una mierda! - me dije yo.
El quería modelarme a imagen y semejanza de su madre. Me vino a la cabeza Norman Bates cuchillo en mano y chillé con toda mi alma y todo el fuelle de mis pulmones, como Marion, pero para cuando fui capaz de dar ese grito, hacia un par de años que un cura había bendecido nuestra unión y yo, abducida por una misteriosa luz cegadora, había contestado sí quiero, en el momento fatídico.
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Comentarios
hola a todos, marlen debe de ser que se dejo querer….demasiado, porque coño a medida que conocia a este hombre ¿no podría frenar?,¿era marlen una mujer que se sentía desesperadamente sola? yo creo que a veces confundimos conformismo con “esto debe de ser amor estable”, aunque en el fondo de nuestro corazon, si hemos amado antes sabemos que no. creo que marlen se equivoco.todos nos equivocamos.
“Mancantao”…
Me acabo de encontrar con este relato. La maternidad absorbe… Seguid, seguid que lo estás haciendo muy bien, como dice también la canción.
Qué bueno saber de tí y, de paso, conocer a marlen. Y, por otra parte, qué envidia haber tenido acceso a semejante catálogo. Qué tonta fui yo y tener como mucho un díptico de sementales… sigo leyendo, no es el momento ni el lugar para las confesiones.
Por último, gracias de corazón por dedicarme este trocico de historia. Tiene un corte muy bueno, como el de la compañera afilada de Marlen. Saludos desde Albacete y sus navajas… besicos.
Amiga navajera, no seas tonta y desembucha, a veces viene bién el soltar lo que llevas dentro. No sientas envidia de una mujer cuyos miedos y sentimientos han estado ligados siempre con el sexo, tapadera indiscutible de su soledad.
bragantillo, perdona, la amiga navajera, supongo habrá querido decir que en determinados momentos no le hubiera importado ser marlen,no siempre, porque me imagino que a nadie , en determinaods momentos de su vida querría estar en su pellejo. Pero, mira una cosa, marlen creo, fue una mujer que pese a sus problemas sentimentales, con sexo, etc, es cierto que vivió con intensidad, no es que la idolatre, pero….,si sigue el tema para largo, que creo que si, puede que en algunas ocasiones: “que le quiten lo bailao”.por cierto, saludos a Albacete, ya puestos.
amigo bragantillo, lo que yo quería decir está en consonancia con lo que sonia/deseo escribe. No es que sienta envidia, o sí, pero siempre es envidia de la “buena” y, sobre todo, tener algo que contar. Pese a todo y, con independencia de que marlene haya preferido en algún momento tener una vida “más normalizada” y haya usado el sexo para camuflar su soledad como apuntas, creo que la intensidad con la que ha vivido algunos momentos merece la pena. A mí, desde que leí el blog, no se me fue la sonrisa en un rato largo… y la gente con la que estaba en casa me preguntaba: navajera, ¿a qué se debe esa sonrisa??
hola navajera nos alegramos leerte. Yo también hubiera preferido ser marlen en algunas ocasiones de mi vida,(soy ahora deseo), si yo hubiera sido ella, ahora no me arrepentiría de agún amor que obvié y nunca debi harcelo aunque me hubiera costado caro, me quede con las ganas de “vivirlo” , por miedo.


Lo dedico especialmente a una amiga albaceteña Y.M. que espero esté leyendo asiduamente esta singular publicación.
Como diría ella, un besiko.
ejke…